9 de septiembre 1999 - 00:00

"RIO ESCONDIDO"

E s respetable: Mercedes García Guevara no pretende hacer la gran película ni cambiar las reglas del lenguaje cinematográfico ni nada de eso. Lo que quiere es contar debidamente una buena historia. Y lo hace, más allá de algunos defectos propios de cualquier debutante. Esos defectos consisten apenas en algún descuido menor, un par de textos y momentos forzados, cierta ingenuidad para enlazar dos personajes, y algunos planos bonitos pero innecesarios que alargan la historia. Nada que el tiempo y un nuevo montaje no puedan subsanar.
En cambio, la obra evidencia unos cuantos méritos formales, narrativos y de producción. La autora muestra un atractivo sentido visual, y su relato, bien estructurado, funciona como un buen cuento, un cuento romántico.
En el mismo, una mujer sospecha que su marido lleva una doble vida, viaja hasta un lugar perdido de la cordillera para salir de dudas, y descubre otra cosa, que le abre un mundo. Esa es la punta del iceberg, porque a partir de allí van surgiendo zonas ocultas, tramas que
García Guevara sabe complicar hábilmente.
Un par de frases de sus personajes («Todos ocultamos alguna cosa más o menos importante», «Río Escondido es como si lo tuvieras enfrente, y no lo ves»), y otra tomada de la obra de Nikita Mijalkov «Sin testigos», sirven en este caso como guías.
Otro mérito, nada menor, es el haber formado un equipo más que atractivo, con intérpretes populares hasta ahora bastante desaprovechados por el cine, en especial
Paola Krum, que hace un trabajo señalable. En ese equipo también se destacan el fotógrafo Esteban Sapir («La vida según Muriel»), y la música, lindas guitarras en la tarde nublada, de Martin Bauer.

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