31 de marzo 2003 - 00:00

Rogelio Polesello, lección del maestro

Ornamento
"Ornamento"
La dinámica imagen de «Eclipse», el mural que Rogelio Polesello pintó en el aeropuerto de Ezeiza, es el tema sobre el que gira la muestra que el miércoles pasado presentó la galería Ruth Benzacar. Plenamente abstracta, la pintura ubicada en la terminal de las «Partidas» reitera los colores vibrantes del arcoiris, marca registrada del autor.

Con una extensa línea cóncava que domina de Este a Oeste toda la superficie del mural curvándose suavemente, la obra resulta tan aerodinámica que anticipa el vuelo y se adaptó con facilidad a la arquitectura neutra del nuevo edificio diseñado por Justo Solsona. Pero luce como una señal, como un horizonte luminoso en medio de un día nublado, marcando un estilo diferente con su secuencia de ritmos y colores que se contraponen a los espacios negros del «eclipse».

Con su aparente simplicidad, la obra ostenta sin embargo un diseño complejo y el interés de la muestra reside en descubrir el paso a paso del trabajo del artista. Para comenzar, el origen del diseño, que se remonta a un cuadro del año 1958, donde se plan-tea la misma composición, basada en una secuencia de triángulos. Luego, los numerosos bocetos revelan cómo se sorteó la dificultad de adaptar los diseños originales, de formato mayormente cuadrado, a una superficie rectangular de 30 metros de largo por 2 de altura que demandó un estiramiento extremo de las formas.

Polesello
trabajó en los años sesenta con la distorsión de la imagen y se sirve de su propia obra para resolver los problemas formales que presenta el mural, pero además y luego de décadas, recrea y combina esas formas forjando nuevas y atractivas configuraciones.

Se trata de la lección de un maestro que sabe su oficio, que maneja con especial ductilidad el color y la forma y, dueño de una extensa trayectoria internacional, puede darse el lujo de esbozar una sonrisa socarrona cuando dice: «Este cuadro lo pinté antes de realizar el mural y lo presenté en el Premio Banco Nación, pero lo rechazaron». En el catálogo, el crítico Renato Rita plantea «la coincidencia con la expresión rítmica del mural y la reiteración histórica de nuestro destino migratorio». Es que acaso el mayor valor de la pintura consiste en las múltiples evocaciones que suscita.

•Pintura con volumen

En el subsuelo de la galería, el conceptualista Eduardo Costa, talentoso artista argentino radicado en Nueva York, exhibe una obra que explora otros límites, que no son los de la forma sino los de la materia con que él trabaja: la pintura. A partir de la idea de las posibilidades que ofrece el empaste pictórico y prescindiendo del lienzo como soporte, Costa construye las formas de un retrato y diversos frutos exclusivamente con pintura, acumulándola capa sobre capa de adentro hacia fuera hasta lograr el volumen. La tarde del vernissage, en una performance, el artista cortó una tajada de cada uno de los frutos, dejando a la vista la pulpa y las semillas; luego, cascó un huevo de avestruz y derramó sobre un plato la clara de acrílico transparente y acuosa que envuelve la yema, la exacta reproducción del natural que se irá solidificando con el tiempo al entrar en contacto con el aire.

La trayectoria de Costa se remonta a los tiempos del Instituto Di Tella, cuando con Roberto Jacoby y Raúl Escari presentó el manifiesto «Un arte de los medios de comunicación». En la actualidad el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires prepara una merecida exposición retrospectiva de su obra.

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