"ROMANCE"

Espectáculos

A veces es demasiado ingenua, o demasiado boba para tratarse de una película con escenas de sexo explícito. En medio de imágenes que casi nunca aparecen en un film de arte, los diálogos soporíferos y la eterna narración en off parecen un alto precio que el espectador debe pagar para acceder a las escenas triple X, que en realidad nunca dejan de estar filmadas con buen gusto y sentido estético. Aunque no sea un film inspirado, «Romance» es una rareza cuya audacia conceptual rompe los esquemas habituales del cine de arte, un poco a la manera de los alocados experimentos de sexo y psicodelia realizados por Alain Robbe Grillet en la década del '70. Igual que el guionista de «Hace un año en Marienbad», la directora Catherine Breillat intenta explorar seriamente en la sexualidad, pero termina haciendo el ridículo (esto es más o menos voluntario, como el espectador descubrirá hacia el último tercio del film). Dado que para hacer un «film de arte» con el superastro porno Rocco Siffredi se necesita perder toda forma de temor al ridículo, no se puede acusar a la realizadora por haber tenido el coraje de rematar largos monólogos sobre la metafísica del sexo oral con frases como «a veces una chupada no viene mal».
Hablando de Rocco, su interpretación demuestra que, además de su notorio carisma, el hombre también puede actuar (a veces mejor que varios de los intérpretes convencionales que aparecen en otras escenas). La trama es tan minimalista como la de un film porno: Caroline Ducey es una mujer insatisfecha, cuyo novio nunca le hace el amor e inclusive se niega a algunas variantes que no le significarían mayor esfuerzo.
Harta de esa abstinencia, ella primero lo engaña con el «supermacho» Siffredi (que para colmo asegura no haber tenido sexo hace meses, desde la muerte de su novia), pero luego se cansa de ese peso pesado y prefiere la atención del director de la escuela donde trabaja, un casanova feo y viejo que asegura haber seducido a más de diez mil mujeres. Llorando de emoción al experimentar las delicias del sadomasoquismo al mejor estilo Betty Page, la protagonista se prepara para dar el gran salto que terminará por convertirla en una mujer completa.
No se puede negar que en las largas narraciones en off de la protagonista hay una since-ridad casi brutal, pero es una pena que haya sido expuesta de un modo tan poco cinematográfico. Es probable que la visión de «Romance» en video sea terriblemente aburrida. En un cine, con público, es una experiencia interesante, ya que las risitas y chistes nerviosos, los comentarios burlones, y por supuesto las eventuales actitudes ofendidas del público que ingrese a la sala sin entender que verá sexo explícito, convertirán cualquier función de «Romance» en algo poco común. La tensión que pueda existir entre los espectadores quizá sirva para mitigar los constantes tiempos muertos de la película.

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