1 de junio 2000 - 00:00

"ROMEO DEBE MORIR"

C on acrobáticas y estilizadas películas de artes marciales como «Erase una vez en China» y la trilogía de «Swordsman», Jet Li se convirtió en el más joven de los herederos de Bruce Lee. Pero, a diferencia del burlón Jackie Chan, Li es demasiado serio para poder adaptarse al tono de una superproducción hollywoo-dense. Haciendo de villano en «Arma mortal 4», Jet Li superó a Mel Gibson y a Danny Glover a pesar de casi no tener diálogos: sus coreografías para las escenas de acción de esa película eran más contundentes que cualquier diá-logo chistoso del dúo estelar. Pero una cosa es ser actor de reparto y otra es tener el peso del protagonista, sobre todo si no se tiene un argumento que, como mínimo, sirva de excusa para las escenas de acción.
Por eso «Romeo debe morir» es un pésimo debut como protagonista de un producto hollywoodense para Jet Li, que debería haber tenido más cuidado a la hora de aceptar una película que podría haberlo convertido en un auténtico superastro del cine de acción. Este film es muy inferior a la mayoría de sus trabajos en Hong Kong, y sólo puede servir de entretenimiento kitsch al público más familiarizado con las viejas películas de kung fu de comienzos de los '70 que solía distribuir New Line en los Estados Unidos, y que en Buenos Aires a veces se veían en doble programa en los cines de la calle Lavalle.
Para colmo, la película ni siquiera llega a desarrollar del todo la intención de hacer «Romeo y Julieta» con patadas voladoras, algo que por otro lado Abel Ferrara había hecho bastante bien en su violenta «China Girl», película que en la Argentina sólo se vio en video. Jet Li es un convicto que escapa de una cárcel china para vengar la muerte de su hermano que vive en los Estados Unidos, donde es parte de una familia de gángsters orientales en eterno conflicto con una banda de criminales afromaericanos. Por una de esas casualidades que sólo aparece en los guiones muy poco rigurosos, no bien llega a América, el protagonista conoce a la beldad negra Aaliyah, hija del jefe de la banda rival que podría ser el responsable de la muerte que él quiere vengar.
Hay un simulacro de romance en el balcón de la chica, y en un momento uno de los villanos le dice Romeo a Jet Li. Ahí termina toda similitud con la obra de Shakespeare, algo que no sería tan malo en este contexto si no fuera porque las escenas de peleas no son tantas ni tan buenas como para balancear el vacío de ideas general.
Inclusive algunas de las luchas son tan dementes como para terminar pareciendo un tango ultraviolento, y en el medio de los golpes el director Andrzej Bartkowiak utilizó el recurso psicodélico de negativizar a las víctimas como si se estuviera viendo una radiografía (algo que ya había hecho Sonny Chiba en su legendaria «Streetfighter» de los '70). Teniendo en cuenta que Bartkowiak fue director de fotografía de cineastas como Sidney Lumet y John Huston, su debut como realizador es aun más pobre que el de Jet Li. Ambos merecen una oportunidad mejor para mostrar su talento.

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