15 de noviembre 2000 - 00:00
Ruckauf debuta en la ópera "Edipo".
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Ruckauf sólo contestará unos pocos días antes de que se inicien las representaciones, que dirigirá el especialista en música del siglo XX Stefan Lano, que ya hizo en el Teatro Colón obras capitales como «Lulú» y «Woyzeck» de Alban Berg. En estos momentos, un actor profesional ensaya la parte que le correspondería a Ruckauf, a quien le tocaría abrir la obra con estas palabras: «Vais a oír una versión latina de 'Edipo Rey'. Con el fin de ahorrar a vuestros oídos y memoria todo esfuerzo, yo os iré recordando el drama de Sófocles».
«Uno intenta que sus gobernantes se involucren en la cultura», continuó García Caffi, « y ésta es una de las formas de hacerlo. ¿Qué mejor apoyo político puede tener la cultura que una participación así? Por lo menos, así es como se entiende en Europa».
El narrador, según la tradición, debe estar a la vista del público, sentado en un atril. E inclusive, ponerse de pie en las partes más intensas, y caminar entre los agonistas de la tragedia, cuyo libro es del refinado poeta francés Jean Cocteau. «El temperamento del gobernador también nos impulsó a ofrecerle el papel», confió García Caffi. «Es cierto que no todos los políticos pueden, por carácter, integrarse a una representación. Pero estoy seguro de que él lo haría muy bien.» Consultado acerca de si le hubiese hecho una oferta similar al presidente Fernando de la Rúa, el subsecretario de Cultura dudó un momento, y luego dijo que, en ese caso, no se lo imaginaba para el papel que soñó Stravinsky.
Paradójicamente, un anuncio de este orden puede producir muchas caras de asombro, y seguramente de rechazo. Aunque no ocurre lo mismo cuando los políticos, por razones proselitistas, aparecen en cuanto programa de TV les ofrecen, y hasta llegan a prestarse a los más sketchs más bizarros.
El historial está repleto de casos de artistas convertidos en políticos, desde Ronald Reagan a Palito Ortega, pero muy pocos de políticos que se le atrevieron al arte; y menos aun estando en el poder. Hay políticos que prestan su figura para causas nobles ( Raúl Alfonsín tiene en carpeta protagonizar un aviso publicitario que aconseja el uso del cinturón de seguridad), otros que también se asomaron al arte de la conducción ( Carlos Menem reemplazó a Bernardo Neustadt en una de las emisiones de «Tiempo Nuevo»), e inclusive a la pantalla grande ( Mijail Gorbachov fue actor en películas de Wim Wenders; el asesor de Duhalde, James Carville, ha actuado en películas como «Larry Flynt» y la serie «Spin City»). Pero, indudablemente, atrevérsele a Stravinsky y Cocteau no es cosa de todos los días.



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