Sabina inundó Buenos Aires de "Vinagre y rosas"

Espectáculos

La cancha de Boca se vistió de fiesta ante la presencia de 40 mil espectadores que lo ovacionaron desde las 21.53, momento en que salió al escenario. Con su típico traje negro, bombín en la cabeza y el carisma intacto, Joaquín Sabina dio vida a un espectáculo que se prolongó por casi tres horas.

"Tiramisú de limón" fue el tema elegido para iniciar una velada donde, además de la presentación de su disco "Vinagre y rosas" hubo lugar para los éxitos de siempre. Con un efusivo "buenas noches, Buenos Aires" el español comenzó su seguidilla de composiciones, coreadas por las miles de almas que colmaron la Bombonera.

Luego de "Viudita de Clicquot" y "Ganas de", el cantante de Úbeda dijo al público porteño: "No es para nosotros un día cualquiera venir aquí, pasamos toda la gira pensando en esta noche". Y así se abrió un nuevo capítulo del eterno romance entre los argentinos y el compositor. "Estamos muy agradecidos y muy emocionados por tanta complicidad", prosiguió Sabina.

El estadio festejaba cada nuevo tema y cada guiño que el trovador le realizaba. Pero cuando a las obras de su último álbum continuaron "Medias negras", "Aves de paso", "Peor para el sol" y "Lo peor del amor", el estadio desbordó de emoción.

Tal como había prometido, hizo mención a sus amigos fallecidos en este último tiempo: "Como no es probable que otra noche así vuelva a suceder, déjenme que me acuerde de Castello, Fontanarrosa, el 'petiso' Guinzburg, Sandro el 'Gitano' y la 'Negra' Mercedes Sosa". Tras el aplauso de sus seguidores, el homenaje a sus afectos argentinos se hizo canción en los versos de "Con la frente marchita".

Galante, tal como es su costumbre, se refirió a Mara Barros, su corista: "Así como la ven, tan sueltecita de cuerpo, es la primera vez que pisa América. No es mala forma de empezar, en la Bombonera". Y juntos entonaron "Por el boulevard de los sueños rotos".

Al momento de presentar a su banda, Sabina recurrió a su faceta de poeta y recitador. Entre versos, enseñó a los asistentes quién lo acompañaba. Además de la señorita del grupo, se destacaron el ya clásico guitarrista sabinero Pancho Varona y Antonio García de Diego, en teclados. Junto con el resto de los músicos hicieron una renovada versión de "Llueve sobre mojado", aquel disco que unió a Joaquín con Fito Paéz tiempo atrás.


El más argentino de los españoles

" Donde habita el olvido" y "Como un dolor de muelas" fueron el preámbulo para una de las canciones más celebradas por los presentes: "Y sin embargo". El momento no pasó desapercibido para el cantautor, quien respondió rápidamente a la ovación: "¿Ustedes me firmarían un papel para pedir la nacionalidad argentina de una vez? Nunca os olvidaremos, nunca los hemos olvidado", afirmó.

Cuando le llegó el turno a "Cristales de bohemia", el músico entrelazó el amor, el desamor y las tragedias de la actualidad. Recordó a las víctimas del terremoto de Haití y cerró su evocación con un efusivo "¡Malditos sean los dioses!".

Al promediar la noche, las sorpresas aún no habían terminado. "Uno de los más grandes maestros, de los más decentes", exclamó el artista al presentar y llevar al escenario a Pablo Milanés. El cubano recibió la aclamación de los concurrentes, saludó y se retiró del escenario. De esa manera, sonaron las estrofas de "Una canción para la Magdalena", a la cual el artista latinoamericano le compuso la música.

"Peces de Ciudad" fue precedida por "Dieguitos y Mafaldas", tema ideal para que el fútbol se hiciera presente: "El clásico va 1 a 1 y Palermo ha marcado", dijo Sabina en referencia al partido que se disputaban Boca y River.

La seguidilla continuó con "Embustera", "Calle melancolía" y "19 días y 500 noches". Más tarde, llegó "Princesa" y el estadio estalló, marcando el momento más fuerte de la noche y el primer amague de despedida.

Luego de "Amor se llama el juego" Joaquín tocó "Noches de boda", con una dedicatoria más que especial. "No quería morirme sin que mis hijas Carmela y Rocío conocieran la Bombonera. Para ellas y para mi sobrina Ailén, un beso interminable", agregó.

Los intentos de abandonar el escenario continuaron y también el llamado del público para que el espectáculo no llegue a su fin. "Y nos dieron las diez", "Contigo", "La del pirata cojo" y "Pastillas para no soñar" fueron los últimos cuatro temas.

El artista, confeso enamorado de Argentina, demostró una vez más la química inalterable que mantiene con el público nacional. Una relación que se alimenta de talento, admiración y respeto mutuo, a lo largo de los años.

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