21 de enero 2010 - 23:42
Sabina inundó Buenos Aires de "Vinagre y rosas"
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Al momento de presentar a su banda, Sabina recurrió a su faceta de poeta y recitador. Entre versos, enseñó a los asistentes quién lo acompañaba. Además de la señorita del grupo, se destacaron el ya clásico guitarrista sabinero Pancho Varona y Antonio García de Diego, en teclados. Junto con el resto de los músicos hicieron una renovada versión de "Llueve sobre mojado", aquel disco que unió a Joaquín con Fito Paéz tiempo atrás.
• El más argentino de los españoles
" Donde habita el olvido" y "Como un dolor de muelas" fueron el preámbulo para una de las canciones más celebradas por los presentes: "Y sin embargo". El momento no pasó desapercibido para el cantautor, quien respondió rápidamente a la ovación: "¿Ustedes me firmarían un papel para pedir la nacionalidad argentina de una vez? Nunca os olvidaremos, nunca los hemos olvidado", afirmó.
Cuando le llegó el turno a "Cristales de bohemia", el músico entrelazó el amor, el desamor y las tragedias de la actualidad. Recordó a las víctimas del terremoto de Haití y cerró su evocación con un efusivo "¡Malditos sean los dioses!".
Al promediar la noche, las sorpresas aún no habían terminado. "Uno de los más grandes maestros, de los más decentes", exclamó el artista al presentar y llevar al escenario a Pablo Milanés. El cubano recibió la aclamación de los concurrentes, saludó y se retiró del escenario. De esa manera, sonaron las estrofas de "Una canción para la Magdalena", a la cual el artista latinoamericano le compuso la música.
"Peces de Ciudad" fue precedida por "Dieguitos y Mafaldas", tema ideal para que el fútbol se hiciera presente: "El clásico va 1 a 1 y Palermo ha marcado", dijo Sabina en referencia al partido que se disputaban Boca y River.
La seguidilla continuó con "Embustera", "Calle melancolía" y "19 días y 500 noches". Más tarde, llegó "Princesa" y el estadio estalló, marcando el momento más fuerte de la noche y el primer amague de despedida.
Luego de "Amor se llama el juego" Joaquín tocó "Noches de boda", con una dedicatoria más que especial. "No quería morirme sin que mis hijas Carmela y Rocío conocieran la Bombonera. Para ellas y para mi sobrina Ailén, un beso interminable", agregó.
Los intentos de abandonar el escenario continuaron y también el llamado del público para que el espectáculo no llegue a su fin. "Y nos dieron las diez", "Contigo", "La del pirata cojo" y "Pastillas para no soñar" fueron los últimos cuatro temas.
El artista, confeso enamorado de Argentina, demostró una vez más la química inalterable que mantiene con el público nacional. Una relación que se alimenta de talento, admiración y respeto mutuo, a lo largo de los años.




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