19 de diciembre 2000 - 00:00

Salinas: "Me parece una falta de respeto tocar siempre lo mismo"

Luis Salinas
Luis Salinas
(18-12-00) Este ha sido sin duda el año del guitarrista Luis Salinas. Durante mucho tiempo transitó los horarios más avanzados de pubs y sótanos porteños. Su gran talento, su estilo personal y su capacidad de improvisación -en la línea del jazz pero a partir de géneros musicales argentinos-le fueron haciendo ganar prestigio entre sus colegas, incluso fuera del país.

Conoció a George Benson, Scott Henderson y Baden Powell -todos ellos se declararon sus admiradores-, y compartió escenarios con gente tan variada como B.B.King, Hermeto Pascoal, María Graña, Jaime Torres, Horacio Salgán, Adolfo Abalos o Chico Novarro. Se unió al español Tomatito y al peruano-argentino Lucho González para hacer «El guitarrazo», de lo que resultaron un par de giras y un disco en vivo. Pero, además, grabó dos discos en NuevaYork: «Salinas» y «Rosario», en proceso de edición, y otro en Suecia («Aire de tango»). Su discografía argentina es, proporcionalmente, mucho más pequeña: «Juntando almas», «Salinas en vivo» y el más reciente «Sólo guitarra». Pero en 2000, su carrera dio un vuelco.

Se subió al escenario del Cervantes para presentar su último álbum y vendió todas las localidades. Repitió al fin de semana siguiente y volvió a llenar. La apuesta se redobló entonces al teatro Coliseo, ahora para tocar el material de «Salinas», que nunca había presentado en nuestro país; otra vez a sala llena.

Y ahora el desafío es mucho mayor puesto que tocará en el teatro Gran Rex -la sala con mayor capacidad de Buenos Aires-el próximo miércoles, en este caso para presentar un disco que la gente aún no pudo escuchar, «Rosario».

Periodista: ¿Por qué, después de tanto tiempo de trabajo, cree que sólo ahora llegó el reconocimiento de la gente?


Luis Salinas:
Un amigo mío siempre me decía que yo era el famoso menos conocido. La verdad es que no tengo una respuesta. Sólo sé que yo siempre he sido honesto con lo que hago cuando me subo a tocar. Salgán me dijo una vez: «La gente es consumidora pasiva de todo lo que le dan, pero sabe si un artista le dice la verdad o le miente». Por eso, yo respeto mucho a quienes tienen la virtud de llegar al público, aunque a mí personalmente no me guste su música.

Porque uno puede ser un genio, pero si no va nadie a verte por alguna razón es. Y le pongo el caso de la «Mona» Jiménez; es obvio que el tipo hace lo que siente, independientemente de que no yo compraría un disco suyo. Otros artistas de la bailanta, en cambio, especulan y, en consecuencia, le están robando a la gente.

A mí me gusta mucho escuchar a los que saben más que yo y hay un pensamiento en el que coincidieron Adolfo Abalos y Hermeto: «El artista tiene que ser sincero consigo mismo, y el público va a estar agradecido». Otra frase que guardo es una de Hugo Fattoruso, que siempre dice: «Vos escuchá tus notas, y vos mismo te vas a dar cuenta si lo que hacés está bien o mal». Volviendo a su pregunta voy a citar de nuevo a Salgán, que me dijo «cuidado con el resentimiento».

Otros tienen que pagar, cuando pueden hacerlo, para encontrarse con el arte. Nosotros lo tenemos en nuestro trabajo y encima podemos vivir de lo que nos gusta. De modo que no me quejo de nada.

P.: ¿Darle mucho espacio a la improvisación le agrega un componente de riesgo muy alto a una actuación?

L.S.:
Es riesgoso y también maravilloso por lo impredecible, porque ni los más grandes genios son capaces de asegurar si mañana van a estar o no inspirados. Yo subo al escenario siempre con la intención de dar lo mejor que tengo. A mí no me importa que un músico se equivoque, lo que me importa es que esté siempre comprometido con lo que hace. Hay cuatro pasos en esto de tocar: el primero es dominar tu instrumento; el segundo, tener algo para decir; el tercero es saber cómo vas a decirlo y, el último, que sólo se alcanza a veces, es la inspiración, un estado sublime que uno no puede manejar.

P.: Con este concierto del Gran Rex estará presentando un tercer disco en menos de un año. ¿No le importa contradecir las reglas más habituales del negocio de la música?


L.S.:
No me importa porque me parece una falta de respeto volver a tocar lo mismo. Hay gente que me sigue, entonces lo más justo es que se encuentren con algo nuevo. Cuando uno toca muy seguido tiene dos posibilidades: o que la gente se aburra o que funcione el boca en boca y venga más público. Afortunadamente eso fue lo que nos pasó.

P.: ¿Cómo es su disco «Rosario»?

L.S.:
Es un disco con una larga historia. Se hizo hace más de dos años en Nueva York para GRP Records con unos músicos maravillosos: Hugo Fattoruso en teclados, Archie Peña en batería, Omar Jakim en batería, Bob James en piano y Richard Bona en bajo. El productor del disco, con el que terminé discutiendo muy duramente, se tomó el atrevimiento de cortar solos y de ponerle unos colchones de teclados horribles que no tenían nada que ver con lo que habíamos hecho.

Finalmente, pudimos volver atrás con algunas de esas cosas, pero, por cuestiones empresariales de la compañía, nunca se editó. Entonces decidimos presentarlo igualmente -acá lo vamos a hacer con
Fattoruso, Peña y los argentinos Daniel Maza, Facundo Guevara y Nicolás Arnicho-; y ahí apareció alguien interesado en editarlo. Así que va a aparecer casi simultáneamente con el concierto.

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