Un atractivo espectáculo proveniente de San Juan logró reivindicar la deslucida imagen que venía ofreciendo en los últimos días la programación de la XXI Fiesta Nacional del Teatro. «Tres viejos mares», de la compañía Sobretabla mostró un elenco de gran profesionalismo integrado por Rosita Yunes, José Aseguinolaza y el director de la compañía, el mendocino Rubén González Mayo.
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La simpatía de sus personajes (tres ancianos que se reúnen diariamente frente al mar) fue un bálsamo para el público, luego de una semana en la que no abundaron los espectáculos de calidad. El texto de Arístides Vargas se vio enriquecido por una puesta sencilla destinada a entretener al espectador sin traicionar el delicado simbolismo que sobrevuela a lo largo de toda la obra. Estos tres viejos amigos que pelean y se toman el pelo con saludable picardía van detectando en el mar algunos restos de su pasado, pedazos de nuestra historia y hasta un preanuncio de sus propias muertes. Una delicada ambientación en tonalidades ocres para la playa y predominio del blanco en el vestuario completó esta valiosa propuesta. La ovación que les dedicó el público dejó perplejos a los protagonistas, pero fue más que merecida.
La otra revelación de la semana fue el grupo chaqueño «Apuntes», impulsor desde hace un par de años del Encuentro Nacional de Monólogos de La Tigra (localidad ubicada a 200 kilómetros de Resistencia). Su director Carlos Werlen cuenta con 20 espectáculos en su haber, muchos de ellos fueron premiados en distintos encuentros provinciales y regionales. «El número es másico», la obra que acaba de presentar en Buenos Aires exhibió un intenso trabajo corporal por parte de sus jóvenes protagonistas que dieron vida a dos hermanos varones con tendencias incestuosas. Estos desplegaron en escena las más variadas situaciones y conflictos con un apropiado uso de sus cuerpos desnudos. Los textos en cambio resultaron demasiado confusos y no aportaron nada al expresivo lenguaje físico de esta propuesta. De prestarle oído a la desmesurada adjetivación de estos textos, plagados de ideas inconexas (casi una pobre copia de ejercicio surrealista) uno corría el riesgo de perderse las imágenes. Buena parte de los periodistas acreditados a esta Fiesta, celebraron el lenguaje experimental de Werlen, dispuestos a pasar por alto sus excesos literarios. Con estas novedades este encuentro de teatro va llegando a su fin con renovado entusiasmo. El acto de cierre será mañana a las 23 en el Centro Cultural de la Cooperación, donde el Instituto Nacional del Teatro entregará a la titiritera Sara Bianchi del Premio Nacional a la Trayectoria Teatral. P.E.
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