11 de abril 2003 - 00:00

Saura: "Seguiré con los musicales"

"Salomé" cerró el último festival marplatense, ocasión en la que dialogamos con su director, el prolífico Carlos Saura (fotógrafo profesional desde los 18 años, luego realizador, 35 películas, siete hijos), y gran conversador. Esta es la síntesis.

Periodista:
¿Su futuro será definitivamente el cine musical?

Carlos Saura: En realidad, «simultanearé» entre dramáticas y musicales, pero ahora seguiré con musicales. Quiero hacer una que se llamará «Amor de Dios». No se sorprenda, así se llama una calle del viejo Madrid, donde había una Academia de baile. Un caserón. En los sótanos se bailaba flamenco, que como se baila del cuerpo para abajo, y fuerza a los pies a entrar en la tierra, cada clase es como tirar cañonazos. En la planta baja se enseñaba danza contemporánea, y del vientre. En el primer piso, algo más etéreo, guitarra. Y en el ultimo piso se boxeaba. También tengo un proyecto ambicioso, sobre la música caribeña, pero desde Estados Unidos se nos amenazó con boicotearnos si poníamos músicos cubanos residentes en la isla, de modo que esperaremos mejor oportunidad. Trabajo no nos falta.


P.:
¿Cómo llegó a «Salomé»?

C.S.: Un día me llamó Aída Gómez, la bailarina. Fue un encontronazo con una mujer de una fuerza y vitalidad extraordinarias, que me recordaron mucho al Antonio Gades de mis primeros musicales, es decir «Bodas de sangre», «Carmen» y «La danza del fuego». Esta mujer de una energía atávica que le viene de abajo. Quería hacer «Salomé».


P.:
Antes de seguir ¿existió realmente Salomé?

C.S.: Es un misterio. Del personaje histórico, que todo el mundo sabe o ha oído hablar, hay pocos datos. Su nombre aparece más tarde, pero no en la Biblia. Comenzó a ser tema recurrente a comienzos del siglo pasado, en Oscar Wilde, por ejemplo. Personalmente, me interesó la historia de un «amour fou», como dicen los franceses. Me fascina que una mujer esté tan enamorada de un hombre, al punto de destruirlo. Lo siento como una metáfora sobre un amor posesivo que continua hasta después de la muerte. Mi primera intención, entonces, fue representar en teatro esa especie de mujer fatal, y así comenzamos a prepararla.


P.:
¿Ya la veía como película?

C.S.: Casi de inmediato.Y al momento llegó mi hijo productor (tengo siete, y espero que sean todos productores y me contraten), y empezamos a vislumbrarla más definitivamente, sobre todo en su primera parte, o sea los caminos que conducen a hacer un ballet.


P.:
¿Qué cambió en el paso del teatro al cine?

C.S.: Prácticamente hay muy pocas diferencias. Pero en teatro vemos todo desde un sólo punto de vista. En cine, es inútil decirlo, podemos disfrutar de cambiantes puntos de vista, y hasta sentirnos dentro del baile. Creo que éste es mi aporte: en mis películas musicales he trabajado mucho para integrar la cámara a la coreografía. Me ayudaron grandes directores de fotografía, como Vittorio Storaro, un colaborador exquisito, gran amigo, luminoso, muy romano. Y grandes bailarines. ¿Sabe? Soy un buen espectador de mis propias películas cuando las estoy rodando. Más de una vez, aunque la toma esté perfecta, les pido «por favor, ¿quieren ustedes repetirla?», por el puro placer de volver a verlos bailando. Lo hice con Carlos Copes y su hija, por ejemplo, cuando estábamos rodando «Tango». Es curioso, precisamente vengo de presentar «Tango» en la Cinemateca de Moscú, en la otra punta del mundo.


P.:
¿Qué balance hace de aquella película?

C.S.: Para mí fue una experiencia inolvidable. Quería empaparme de tango, y estuve casi un año en Buenos Aires, haciendo un trabajo riguroso, saliendo de esa cosa de la prostituta, el chulo y la farola, para abrirnos a otros campos, con la colaboración de Lalo Schifrin y Oscar Cardozo Ocampo, lamentablemente fallecido. Creo que fue un buen trabajo, y además los argentinos son personas entrañables. Me he llevado bien con mis actores, y con ellos en particular, como Miguel Angel Solá, Mía Maestro, y antes Oscar Martínez. Los que están en España añoran mucho esta tierra, sobre todo volver a comer como se come en Argentina, pero... el problema lo veo, no soy ciego. Hicimos lo que pudimos para ayudarles.

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