12 de marzo 2007 - 00:00
Schygulla, una walkyria de arrabal
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Hanna Schygulla
En esta parte, Schygulla cantó el repertorio que mejor le sienta: desde algunos temas populares de los Comedian Harmonists, o clásicos como el breve pasaje que hizo de los Kindertotenlieder («Canciones de los niños muertos») de Mahler, hasta los ineludibles temas de Brecht-Weill como « MoritTMt» o «Surabaya, Johnny». Correctas también, fueron sus versiones de la Piaf: «Milord», «La vie en rose» y «Padam Padam», temas interpretados de manera más canónica, aunque menos creativamente también, que su coterránea Ute Lemper.
El fin de la primera parte, coincidente con su etapa de ruptura con la «opresión de la memoria germana» y su salida al mundo, la encontró cantando una heterogénea mixtura de clásicos modernos como «Blowing In The Wind» de Dylan, «Satisfaction» de los Stones, y algunos temas de los Beatles. Fue agradable, pero difícilmente memorable (poco antes, había paseado con menos fortuna por hits del rock and roll como «Rock Around the Clock»).
La segunda parte, tras el homenaje a su admirada Janis Joplin, se deslizó a sus gustos desde hace varios años, en los que Latinoamérica tiene mucha importancia (el público, como si también hubiese estado pautado, no dejaba de aplaudir cada vez que ella mencionó a la Argentina, o a Cuba, o al tango o a Borges, o cuando hacía referencias a la libertad).
Con la única compañía sobre escena de un notable pianista, Stephen Kania, vino luego el momento de escucharle «Lágrimas negras» y, sí, también «Adiós muchachos» (¡walkyria de arrabal!).
Tampoco faltaron Vinicius ni Jobim y, sobre el final, el relato de su encuentro con Maria Bethania, y la interpretación de «Emoçoes» de Roberto Carlos, un tema que, según contó, hicieron juntas varias veces. A pedido del público, hubo un prudente bis: «Lili Marleen». Ahí sí, Schygulla, una grande, volvió nuevamente a ser ella en la melancólica letra de la espera del soldado bajo un farol, con el temeroso rumor de los cuarteles de fondo.



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