22 de marzo 2007 - 00:00

"Scoop"

Los conjuros de Woody Allen y Scarlett Johansson en «Scoop», su modesto segundo film inglés.
Los conjuros de Woody Allen y Scarlett Johansson en «Scoop», su modesto segundo film inglés.
«Scoop» (id., Gran Bretaña-EE.UU., 2006; habl. en inglés). Dir.: W. Allen. Int.: S. Johansson, H. Grant, W. Allen y otros.

Después de rodar su primera película en Londres, «Match Point», la creatividad de Woody Allen tal vez haya sentido la necesidad de tomarse unas vacaciones. Ese reposo es «Scoop»: un film que no plantea dilemas éticos, ni explora temas como el azar y la fatalidad, y ni siquiera intenta regresar a la comedia neurótica brillante. Como resultado, su segundo film inglés es deliberadamente menor. No le salió así sino que lo buscó así. Un pequeño y simpático pasatiempo, repleto de sus propios lugares comunes, no mucho más que agradable, y realizado por su autor, quizás, para no perder la gimnasia de la película anual.

Similar en muchos aspectos a «La maldición del escorpión de Jade» (que, aun asi, era superior), en «Scoop» nuevamente hay magos envueltos en una historia policial elemental. Tal vez eso sea un síntoma de los estados anímicos de Allen con respecto a su obra: cada vez que en un guión pone un mago y escenas sobrenaturales, hay que esperar una película muy pequeña.

El nuevo film lleva como protagonista, una vez más, a su nueva inspiradora Scarlett Johansson, esta vez en el papel de Sondra Pransky, una aprendiz de periodista que tiene la posibilidad mágica de revelar a toda Inglaterra una gran primicia (tal el significado de la palabra «scoop»).

Gracias a las artes de un mago judío que se hace pasar por italiano (no hace falta aclarar quién lo interpreta), Sondra establece contacto sobrenatural con un célebre periodista que acaba de morir, y que a bordo de la barca de Caronte se entera de que el famoso Asesino del Tarot, un criminal que está aterrorizando a todo Londres, podría no ser otro que Peter Lyman (Hugh Jackman), rico heredero de una tradicional familia inglesa, con ambiciones políticas.

A esa altura, la intriga de la comedia ha quedado planteada, y no se hace demasiado difícil ir adivinando todo lo que sucederá a continuación; por ejemplo, que la inexperta Sondra, en el curso de sus pesquisas, finja enamorarse del principal sospechoso, y que termine ocurriéndole en serio.

Pese a lo remanido de la historia y su modestarealización (el mago que interpreta Allen es como un Houdini pobretón que actúa en teatritos de barrio, y de esas características parece contagiarse la estética del film), el guión no deja de tener algunos momentos felices, casi todos interpretados por el propio director (resignado ya, por obvias razones, a papeles asexuados).

Por ejemplo, la escena en la que debe fingirse aristócrata en un elegante party inglés y termina haciendo trucos de cartas ante los invitados, está entre lo mejor. También, esporádicamente, aparecen otros buenos toques humorísticos, siempre en ese tono medio y melancólico que parece quedar conforme con la sonrisa cómplice de sus incondicionales.

Dejá tu comentario

Te puede interesar