18 de diciembre 2000 - 00:00

¿Se acabó la hora de la TV clown?

Conductor de Maldito Lunes.
Conductor de "Maldito Lunes".
¿Se acabó, con el año 2000, el reinado de la TV clown? O mejor aún: el reinado de la TV clown con periodistas «iluminados» y entrevistados tontos, o sospechados. A Mario Pergolini no le han salido bien sus sucedáneos. Tampoco a Marcelo Tinelli.


El primer impacto que provocó en el público ese estilo de televisión, hoy devaluado, no fue del todo positivo; más bien chocó con la percepción de los televidentes, aunque más tarde una cuota de ingenio, bien aplicada, ganó más audiencia. Pero la resultante fue de rigor: la absoluta soberbia, especialmente con la clase política, que dejaba siempre al entrevistador en el sitial del inteligente y al entrevistado en el del tonto, el sospechado o el corrupto.

Tinelli
indudablemente siguió este año siendo dueño del rating, pero es únicamente él (además, su tipo de humor, más popular, no es el mismo que el «superado» de su rival en alguna época, Pergolini): sin embargo tampoco sus imitadores, o los desprendimientos de sus elencos, lograron superar los pocos programas (en el cable, habitualmente) y terminan olvidados.

Con la llegada de «Caiga quien caiga», la lógica del reportaje tomó otro rumbo, o más bien dejó de serlo, al menos en el sentido tradicional. Pero la «irreverencia» verbal de los noteros de «CQC» venía, además, acompañada de un plus: miradas cómplices a cámara, muecas de fastidio o aburrimiento, burla a todos. El estilo y la recurrencia a una edición que siempre deja bien parado al entrevistador y ridiculiza al entrevistado, comenzaron, poco a poco, a ser asimilados, digeridos y finalmente aceptados por la audiencia.

«Caiga quien caiga»
demostró que hasta los políticos se dejaban seducir por la idea de que una nota con un movilero agresivo podía ser más fructífera que hacer campaña política (aunque muchos de ellos todavía deben estar reprochándose sus apariciones). Las cifras del rating nunca fueron el fuerte de «CQC», pero su estilo generó imitadores e hizo que el programa liderado por Mario Pergolini se mantuviera en una pantalla ávida de productos «originales» o «atípicos». Siempre tuvo un promedio de 7 puntos, con un pico máximo en el último programa, que se transmitió desde el Gran Rex, donde alcanzó los 12 puntos.

«CQC»
duró cinco años hasta que sus responsables comprendieron que debían levantarlo. El desgaste de la gente terminó de manifestarse con sus herederos. A principios de año Cuatro Cabezas lanzó en «Telefé» «Maldito Lunes», un programa que apuntaba a testear a Andy Kusnetzoff como conductor. Pero los 12,6 puntos de rating que midió el primer envío rara vez volvió a repetirse. Su promedio actual es de 6 puntos y la finalización del ciclo está decidida hace tiempo.

Es cierto que el estilo se impuso en un momento, a tal punto que la pantalla se llenó de clones de noteros estrella y cámaras escurridizas. Personajes como Fierita o Maia, de «Versus» («Telefé») -por citar sólo dos-, son clara réplica del modelo: tapan con su atolondrada verborragia a los entrevistados, gritan y festejan ruidosamente sus propios chistes, corren desesperados tras sus presas, les llevan obsequios y se enorgullecen al conseguir que un político los mire, un famoso los bese o un empresario los salude. Llegaron tarde y, aun así, insisten en la copia.

La experiencia Kusnetzoff no amilanó a Cuatro Cabezas que no hace mucho puso en pantalla «Así estamos», conducido por un Juan Di Natale todavía acartonado, pero con la misma lógica del ataque gratuito a los invitados (por caso, la actriz Leticia Bredice, humillada y ridiculizada por Di Natale) y abordando la realidad desde el humor pretendidamente ácido. Casi sin novedades en su concepción, hecho de compilados bien editados y con la impronta de dar vuelta las noticias para que terminen resultando graciosas.

Ese modelo de televisión parece haber llegado al ocaso. Al menos así lo indican las elecciones de la audiencia. Ahora parece haberse puesto de moda la «televisión verdad», que desembarcó con «Expedición Robinson», continuará con su secuela y ya avizora un competidor: el «Big Brother» vernáculo.

Hasta las mismas productoras no desconocen el fenómeno y buscan diversificarse: Cuatro Cabezas tiene en vista producir un sitcom (comedias de media hora al estilo Sony o Fox) para el año que viene, Ideas del Sur es responsable tanto de programas de entretenimientos («Videomatch 2000») como ficcionales («Okupas», «Buenos vecinos») y Promofilm produce desde televisión verdad hasta magazines.

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