La reconversión del puerto de Génova (hoy un área recreativa muy visitada), uno de los
grandes emprendimientos con importantes repercusiones culturales y económicas.
Los espacios de los puertos en las grandes ciudades han cobrado un interés urbanístico muy singular por el uso creciente de la relación vital con el agua. Los proyectos para las áreas costeras, tanto por razones económicas, como sociales y turísticas, han convertido esas zonas en sitios de valor excepcional. Son conocidas las experiencias de reconversión realizadas en ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992), con diseños de Frank Gehry, Oriol Bohigas, Enric Miralles (lamentablemente fallecido), y otros españoles notables; o para la Expo-Lisboa, en 1998, con la participación creativa de Alvaro Siza y Santiago Calatrava. «Metamorfosis de las ciudades de agua» fue la propuesta para la última Bienal de Arquitectura de Venecia (2004), por el curador Bruttomesso en un espacio sobre el arsenal, contiguo a la muestra organizada por el Director de la Bienal Kurt Foster. Con motivo de mostrar los waterfronts de una docena de ciudades, acaban de visitar Buenos Aires el arquitecto Rinio Bruttomesso profesor en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia; el economista Joan Alemany Llovera, profesor en la Universidad de Barcelona, e Ignacio Sáiz Mugica, ingeniero de caminos, canales y puertos.
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Asociados con la próxima Bienal de Arquitectura de Buenos Aires (21 al 25 de setiembre de este año), han propuesto organizar un simposio y una muestra sobre waterfronts en distintos países del mundo. Integrará el grupo el arquitecto y especialista argentino Roberto Converti. Son coordinadores de la Asociación Internacional Rete que promueve el encuentro de una red de ciudades que revalorizan y reciclan espacios costeros.
Diversas ciudades europeas han generado un fuerte renacimiento de estos espacios públicos con importantes repercusiones culturales y económicas. Un caso interesante fue el de Génova, una ciudadpuerto que tiene una ventajosa ubicación en el Mediterráneo: un centro histórico con palacios, caracterizado por calles angostas y altos edificios. El viejo puerto es hoy un área recreativa muy visitada, que comprende un Acuario y un Centro de Convenciones.
El año pasado se inauguraron en ese lugar tres museos: el antiguo complejo en Via Garibaldi (Palacio Rosso, Bianco y Cursi), el Museo de Arte Moderno, y el Museo del Mar y la Navegación. Está ubicado en el contexto de la dársena, constituida por un grupo de docks que datan del siglo XIX, y los restos de un antiguo arsenal que se remontan al siglo XIV. El proyecto del museo fue resultado de un concurso ganado por Guillermo Consuegra, arquitecto sevillano que logró conciliar en ese Centro Histórico lo antiguo y lo nuevo. Se destaca también el proyecto del Puente Parodi diseñado por el arquitecto holandés Ben Van Berkel, que se convertirá en un espacio singular de la ciudad, dedicado al ocio y a las actividades culturales. Esta amplia renovación fue lo más importante de los eventos organizados en el 2004 cuando Génova fue capital europea de la cultura.
En los últimos años, Civitavechia (cercana a Roma) se convirtió en un sitio clave. Numerosos factores contribuyeron a su éxito: la ubicación estratégica en el mar, las importantes inversiones para ampliar su estructura y su cercanía con los aeropuertos de Fiumicino y Ciampino. En 2002, la ciudad organizó un concurso de ideas para este water-front con el objeto de replantear las áreas portuarias y lograr no sólo un uso eficiente del terreno sino también la recuperación de su herencia cultural. El equipo ganador fue el dirigido por la compañía Rogedil, con proyectos de dos jóvenes arquitectos, Stefani Casorio y Salvo Lo Nardo, asesorados por Paolo y Franco Portoghesi (Universidad La Sapienza), y Antonio Casorio.
La recuperación incluyó la construcción de un hotel, la restauración del Fuerte Michelangelo -adaptado para actividades culturales y sociales-, y la creación de una conexión entre la ciudad y el antiguo Arsenal de Bernini.
En Buenos Aires, el rescate y transformación del antiguo Puerto Madero es sin duda el hecho urbano más importante de la segunda mitad del XX en la historia de la Argentina, pues no sólo atañe a la faz urbanística y arquitectónica de la ciudad sino también a su vida social y a su imaginario colectivo. El Balneario Municipal y la Costanera Sur (hasta la avenida Belgrano), inaugurados en 1918, habían ayudado a recobrar en parte la visión del río, que fue ampliada en 1925-27 con la prolongación de la Costanera Sur hasta Viamonte; y en la segunda mitad de la década del 30, con la apertura de la Costanera Norte. Pero la decadencia del Balneario trajo el abandono de la Costanera Sur hacia fines del 50, desarticulando uno de los espacios recreativos más populares de la ciudad. Más tarde, el relleno (Ciudad Deportiva; Parque Natural y Reserva Ecológica, de 1986) distanció al extensísimo Río de la Plata, aun cuando su propósito era el de acercarlo a la gente.
La rehabilitación de los abandonados galpones del Puerto Madero es, desde el punto de vista arquitectónico, una manera de «hacer ciudad», pero también supone, en términos sociales y culturales, una transformación de identidades. No sólo se trata de reparar edificios deteriorados, como si fueran apenas monumentos, sino de dotarlos de nueva vida: el pasado, así recibe al futuro, y la ciudad crece en el tiempo y se afianza en el espacio.
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