7 de septiembre 2000 - 00:00

"SECRETOS EN FAMILIA"

E l Dogma 95 es esa escuela de cineastas daneses cuya estética consiste (para decirlo brevemente y sin gastar las páginas y páginas que algunos sabios suelen dedicarle a sus manifiestos), en filmar mal aquello que podría filmarse bien. «La celebración», por ejemplo, aquella excelente y espeluznante historia de incesto, pudo también haber sido una gran película con una luz adecuada y una cámara que le ahorrara al espectador el riesgo de mareos y náuseas. ¿Por qué estos fundamentalistas de la desprolijidad ruedan buenos guiones con técnicas que a cualquier estudiante de cine le significarían el aplazamiento? Tal vez esta misma pregunta se la haya formulado interiormente Soren Kragh-Jacobsen, director de «Secretos en familia», cuya primera mayor virtud es ser la menos dogmática de todas las películas del Dogma: aunque se diga lo contrario, aquí hay música de fondo, la cámara tiene desplazamientos clásicos y hasta puede presumirse que se debe haber empleado luz artificial, cuya presencia tanto habría embellecido las escenas nocturnas de «La celebración», sometidas sin ella a un granulado infame.

Libro

El libro, aun sin el brillo de la anterior (aunque superior a la más floja de la trilogía, «Los idiotas» de Lars von Trier), tiene sus propias iluminaciones, y al atractivo de una buena trama se le añade, también, un humor bastante poco «dogmático» (humor nórdico, pero humor al fin).
Los secretos de la familia del protagonista, Kresten (
Anders Berthelsen) son tener un hermano retardado y un padre pobre y enfermo, mientras él vive en permanente negación de ellos: así es como obtiene la mano de la rica Claire ( Sofie Grabol) y la llegada a la familia de ella. Luego de la primera noche de casados (los actores la pasan bastante bien si hay que creer que en el Dogma nada se simula y todo es real), muere el padre de Kresten y, consecuentemente, los secretos empiezan a desmoronarse.
El libro, aunque interesante, no le teme a los tiempos largos en la exposición de los sucesivos choques que, de allí en más, irán ocurriendo y entre los cuales sobresale el vínculo de ambos hermanos, no carente de ternura (allí se explica la razón del título original, que alude al famoso actor japonés
Toshiro Mifune), y sobre todo la entrada en escena de una prostituta a la que toman como casera, sin que ella revele la foja de servicios a sus nuevos empleadores: la bella Iben Hjejle (quien a partir de esta película obtuvo el pasaporte sin escalas a Hollywood: en las próximas semanas se la verá en «Alta fidelidad» de Stephen Frears).
Planteada como una obra de cámara entre tres intérpretes, de los cuales uno apenas balbucea,
«Secretos en familia» encuentra una manera muy interesante de columpiarse entre el film clásico, inclusive comercial (no sería impensable una «remake» de esta misma historia, al gusto norteamericano) y el drama de arte y ensayo sostenido en una estética propia, que hasta puede pasar por «dogmática».

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