31 de enero 2002 - 00:00
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«Las mujeres se me acercaban a decirme que tal o cual episodio las había afectado mucho. Incluso hombres me han confesado que desconocían ciertos aspectos de la sexualidad; conversaciones que uno difícilmente tiene con un extraño en una esquina cualquiera de la calle», recuerda la intérprete.
Se trata de una verdadera revolución sexual que parece hacer temblar a los años de la liberación de la mujer aunque, como todo lo que viene de la industria del espectáculo, tenga más de espejismo que de realidad. Como la propia Cattrall recuerda, ella no es Samantha, y como señala en su libro, todo funciona un poco mejor con «un poco de Viagra».
«Yo nunca he frecuentado el mundo del levante y me toma mucho más tiempo emocional superar los desengaños», confesó esta actriz de 46 años a la revista «Vanity Fair», donde la que ha sido tildada como una «Mae West moderna» por sus aires de «comehombres», reconoce que a la hora de una relación es mejor la monogamia. Sus confesiones pueden sorprender, en especial cuando reconoce que ha vivido muchos años de sexo nada satisfactorio, lejos de los orgasmos múltiples con los que, en su opinión sueña cada mujer.
«Pero ésa es Carrie, no soy yo», puntualiza la actriz, quien, lejos de la aversión al matrimonio de su personaje, está casada desde hace varios años con el también actor Matthew Broderick. Como asegura la comentarista de moda Andrea Linett, incluso en el caso de Carrie, si se vistiera así en la realidad «sus vecinos la tomarían por una prostituta».
Son comentarios que los creadores de la serie han escuchado en más de una ocasión y que aclaran alegando que la comedia «quiere pulsar todos los botones y exagerar las situaciones» para probar hasta dónde pueden llegar.
El diario «USA Today» ha dejado claro que las fronteras de esta revolución sexual están en Peoria, localidad del interior de Estados Unidos que, como muchas otras ciudades del país ven esta revolución tan alejada de sus vidas como una invasión de extraterrestres o quizá más.



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