2 de noviembre 2000 - 00:00
"SHAFT"
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Por eso en el 2000 el inconfundible riff del tema de Hayes, unido al nombre Shaft, prometía un filón que Hollywood no iba a perderse. Por suerte el productor Scott Rudin mostró algún respeto por la película que lo originó todo: eligió al talentoso y audaz cineasta afroamericano John Singleton para dirigir y coescribir la nueva película, volvió a utilizar el tema de Hayes, le dio el protagónico al inigualable Samuel L. Jackson y el nuevo guión a Richard Price (guionista de «Clockers» de Spike Lee, y un hombre que por haber crecido en los peores barrios de Nueva York sabe de lo que habla).
Lo mejor de la nueva «Shaft» es que está a la altura de la primera a pesar de correr con desventajas notables. Para empezar, el film de Gordon Parks, director de la original, era un producto espontáneo que reflejaba una serie de cambios sociales, mientras que el de Singleton es un producto artificial que sólo refleja cambios en el departamento de marketing de la Paramount.
Cada vez que Richard Roundtree (es decir el viejo John Shaft) caminaba un par de cuadras por Harlem, la película aprovechaba para describir alguna problemática social que hasta el momento difícilmente podía verse en un film masivo. Por eso era un film noir sin demasiada tensión, pero con una impactante carga contestataria que permite vincularla con la mejor tradición del policial social americano.
La «Shaft» original era agresiva por realista. La nueva lo es por irreal (y por algunas escenas demasiado tontas). Y si Richard Roundtree tenía que calmar a sus «brothers» poniendo un toque de moderación a la caldera racial de aquel momento, ahora Jackson es el que empieza la mayor parte de los problemas. Y justamente por ese lado viene el toque original y divertido del guión de Price: esta «Shaft» no es una remake de la otra, y si apenas podría llegar a ser catalogada como una nueva secuela (luego de «Shaft in Africa» y «Shaft Big Score») es debido a que el personaje de Jackson es el sobrino de Roundtree.
Si no se conoce ni se está interesado en el fenómeno «Shaft», los films blaxploitation, el cine bizarro, los soundtracks rythmn & blues y el tema de los conflictos raciales, entonces este producto sólo será percibido como un curioso pero convincente film de acción, provisto de un montaje deslumbrante, de chistes eficaces y de un elenco muy sólido (salvo el «american psycho» Christian Bale, que por suerte casi no llega a sobreactuar). Como casi todas las películas de Singleton (que aquí afloja su dramatismo habitual) «Shaft» es despareja e intuitiva. Pero más allá de sus múltiples puntos débiles (incluyendo la falta de erotismo que caracteriza al género, cierta inconsistencia de la historia y algunos problemas de intensidad en la mitad del metraje), el espectador encontrará un policial que hace un esfuerzo inusitado por revolver situaciones y crear personajes que el cine actual prefiere evitar. Por eso, aunque en un principio sólo se la perciba como una película de acción con más estilo y actitud que cerebro, repasando sus imágenes al salir del cine el espectador quizá descubra que, finalmente, lo que importa es que es una película con alma.


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