19 de septiembre 2007 - 00:00
"Sicko"
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En «Sicko», Michael Moore pulveriza el sistema de salud privado de los EE.UU., y vuelve
a cantar loas a Canadá.
Paradójicamente estas comparaciones, antes que reforzar una tesis, la debilitan, aunque esto no tenga demasiada importanciaa los fines de lo que se propone: en el momento de ver el film, resultan eficaces, más allá de que no soporten profundizaciones. Y es una lástima, porque muchos de los casos expuestos por Moore a los efectos de pulverizar el sistema privado de salud en los EE.UU., y las pingües ganancias de la industria médica y sus intermediarios, son interesantes y están astutamente elegidos; por ejemplo, el caso de aquel hombre que se rebanó dos dedos con una sierra, y tuvo que elegir reimplantarse el anular porque el mayor le costabamás de 60.000 dólares (el otro apenas 12.000).
Sin embargo, y casi tanto como en sus películas anteriores, el método de persuasión Moore es tan obeso como su físico, y deja con ganas de menos pasión y más análisis: es un cine que embiste, una aplanadora que no deja matices, que divierte o golpea, pero que jamás logra dejar de lado (salvo para la mirada inocente) el recorte específico de la realidad que desea mostrar y explotar.
A diferencia de «Fahrenheit 9/11», «Sicko» tiene una notoria virtud: tampoco se casa con el Partido Demócrata al que declaradamente adhiere el realizador, y la propia Hillary Clinton cae acá en el mismo tacho de los réprobos, cuando la acusa de haber recibido un altísimo soborno para olvidarse del plan de reformas a la salud pública que ella misma había propulsado.
El único héroe que queda en pie es el propio Moore: cuenta, cerca del final, que donó anónimamente 12.000 dólares a un hombre que mantenía un sitio web para atacarlo, y cuya esposa había caído enferma.
Gracias a ese donativo (que el hombre agradeció en su sitio a un Angel Guardián), pudo continuar atacando a Moore. Una adrenalina que no podía cesar, para ninguno de los dos.
M.Z.




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