28 de junio 2001 - 00:00

"Sin duda, la obra tocó algo que el público quería oír"

Morán, Molina y Bertuccelli.
Morán, Molina y Bertuccelli.
(27/06/2001) A partir de mañana a las 20, y hasta el 22 de julio, un nuevo grupo de actrices integrado por Mercedes Morán, Juana Molina y Valeria Bertuccelli se sumará al elenco rotativo de los «Monólogos de la vagina», la exitosa pieza de Eve Ensler que desde el 30 de abril se representa en el Paseo La Plaza. Dialogamos con el nuevo elenco:

Periodista: ¿Tantas ganas tenían de trabajar juntas?

Mercedes Morán: Yo ya había trabajado con Valeria en «Gasoleros» y quería repetir la experiencia y Juana Molina siempre me pareció una actriz increíble. Pensé que este espectáculo nos habilitaba la posibilidad de trabajar juntas. De otra manera nos hubiera resultado muy difícil imaginar un proyecto que nos aunara.

P.: ¿Cómo se repartieron los textos?

M.M.: En principio estaban pautados, pero después terminamos intercambiando: «Dame ése, tomá éste», según el feeling que nos provocaban.

P.: ¿A qué atribuyen el éxito de los «Monólogos de la vagina»?

M.M.: A que se convirtió en un emergente, logró sintetizar de una manera creativa aquello que la gente está necesitando hablar, pensar o ver en un escenario, más alla de los valores intrínsecos del material o de la calidad de la gente que lo interprete.

Juana Molina: Tocó algo tabú. La palabra vagina... ¡Ah, pero nosotras ya nos acostumbramos! ¡Estamos de los más cancheras!

P.: Pero hay gente que todavía no se acostumbra a escucharla.

J.M.: Mi hija, que me vio ensayar, me decía: «¡Pobre mamá, las cosas que tenés que decir!». Después hablé con ella sobre una parte del guión en la que la autora cuenta lo que le preguntó a una nenita de seis años. Como me pareció medio raro lo que decía en el libro decidí preguntarle a mi hijita de seis años, para ver qué pasaba.

P.: ¿Y qué contestó?

J.M.:
Primero le tuve que explicar qué era la vagina. Le dije que era la cola de adelante.

M.M.: O sea que seguís sumando a la confusión general (risas).

J.M.: Claro. Cuando le pregunté qué diría su vagina si hablara contestó: «Poneme algo más abrigado que tengo frío». Después, ¿a qué te hace acordar?, respondió: «A una monta-ña más alta, a otra más chiquita y de nuevo a otra más alta». Se ve que anduvo explorando. Cuando le pregunté qué tiene de especial, me dijo no sé. Y «¿A qué tiene olor?», me contestó (con gesto de asco): «¡Tiene olor a pis!».

P.: Sí, muy distinto a la nena de la obra, que dice que su vagina huele a copos de nieve. De todas formas, el espectáculo incluye testimonios muy creíbles.

J.M.: Muchas mujeres deben pensar que solamente a ellas les pasó algo semejante. Entonces, verse reflejadas en una obra que deriva de un montón de entrevistas a miles de mujeres de diferentes culturas y religiones es algo que alivia. Quiere decir: «No soy la única, puedo llegar a hacer algo con esto que me pasa».

M.M.: Cuando las víctimas de algo se juntan en grupos terapéuticos, la primera experiencia sanadora es enterarse de que uno no es el único, puede empezar a correrse del habitual «¿por qué tuvo que pasarme a mí?».

J.M.: Además, el espectáculo tiene humor que es un camino de entrada directo a la comprensión.

P.: ¿Qué valores descubrió, Bertuccelli, en la obra?

Valeria Bertuccelli: Lo que más me interesó es que en su mayoría estuvieran atravesadas por el humor. Para hablar de temas tan serios y en algunos casos tan dolorosos, lo mejor es el humor.

J.M.: Tomando un texto de la obra yo diría que es como lubricar el tampón. La risa hace que uno tome las cosas de una manera mucho más fácil y esté más abierto a recibir una opinión, una idea o una observación. Yo que siempre trabajé en el rubro humorístico creo que ésa es la única manera de expresar ciertas cosas. Cuando tengo que decir algo complicado siempre me resulta mucho más fácil decirlo a través de un personaje.

P.: ¿También fuera del escenario?

J.M.: Claro.

P.: ¿Qué opinan de los remilgos que sigue provocando la palabra «vagina» en algunos medios gráficos y televisivos?

J.M.: ¿Por qué no la buscan en el diccionario? Es una palabra de anatomía, es como decir «oreja».

M.M.: Todo lo que es reprimido provoca una curiosidad malsana que en este caso nos beneficia porque se llena el teatro.

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