«Matar o no matar». Liliana Felipe (canto, recitado, piano). Con G.Tejada ( trompeta), J.Suárez (trompeta), P.Ben Dov (batería), P. Gignoli ( bandoneón) y A. Puertas (contrabajo). Invitadas: E. Rivas (actuación), M. García (canto, caja) y J. Rodríguez (actuación, dir. general). (Teatro Gran Rex, 17/3.)
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Liliana Felipe nunca fue una artista fácilmente encasillable; y justamente en esa falta de definición se encuentra lo mejor de su trabajo. Puede decirse que hace canciones -y es cierto-, pero también que no parece trabajar en la línea de «agradar» al oyente o de entretenerlo en el sentido más convencional. En esta cordobesa radicada desde hace años en
México, que hace bandera de su elección homosexual y de su repudio hacia todo lo militar, las canciones son meros instrumentos de su discurso. Pero no se conforma con hacer melodías que sólo sirvan como soporte de esos textos; en cambio, trabaja profundamente sus sonidos, juega en el borde de lo tonal -recuerda, por momentos,al uruguayo Leo Maslíah-, de la ironía musical, de las organizaciones instrumentales y tímbricas poco habituales.
Así, mientras su propuesta pierde interés cuando el panfleto supera a la búsqueda estética, por otros momentos, cuando logra alcanzar el equilibrio, su transforma en una artista muy interesante. En el primer caso, estuvieron en esta nueva presentación porteña sus alegatos a favor de H.I.J.O.S., y aún la presencia de una delegación de esa agrupación; allí, Felipe resigna su lugar de artista para convertirse en una militante política que aprovecha el escenario a favor de sus ideas. Cuando se mete con las cuestiones de amor y, sobre todo, de desamor, o con los poderes -políticos, militares, religiosos- pero en un sentido más abstracto y menos coyuntural, su discurso alcanza relieve. Lo escatológico, lo duro, lo revulsivo, se apropian de su trabajo, tanto en sus textos como en sus músicas y vale la pena detenerse a escuchar lo que hace. El sostén instrumental estuvo en un grupo poco convencional. Un contrabajo, dos trompetas, una batería y, a ratos, un bandoneón. Los arreglos apuntan a lo camarístico y también hay momentos en que la cantante se acompaña exclusivamente por su piano -un instrumento que conoce muy bien-.
El show tuvo temas de su álbum más reciente y otros de épocas muy anteriores («Pero no te extraño», «Mercado de Abasto», «Mala», «La cumbia del pescado»), y contó con algunas invitadas especiales: la actriz argentina Erica Rivas, la actriz mexicana Jesusa Rodríguez -pareja de Liliana Felipe y directora del espectáculo- que hizo un muy buen monólogo, y la coplera Miriam García.
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