16 de marzo 2000 - 00:00

"SOLO CONTRA TODOS"

P ara algunos, ésta es «la película más transgresora y perturbadora de los noventa», para otros es directamente una asquerosidad, y para muchos es interesante, a lo sumo inquietante, pero no más que eso. En lo que todos coinciden es en apreciar la habilidad del director para revolver el estómago del público, y su entereza de verdadero independiente.
Hijo del artista plástico Felipe Noé (alguien que sabe decir lo suyo sin cortapisas), Gaspar Noé, residente en Francia, estuvo cuatro años haciendo, a medida que conseguía plata, esta película, suerte de continuación de su cortometraje «Carne», sobre un bruto carnicero de caballos. Al mismo tiempo también ayudó a su esposa, Lucile Hadzihalilovic, en el mediometraje de ella «La boca de Jean-Pierre», sobre una criatura sometida por el amigo de su madre.
«Carne» se vio en el programa de cine marginal que Ricardo Parodi tenía en la trasnoche del Canal Bravo. «La boca...», en la sección La Mujer y el Cine de Mar del Plata '98. Ambos comparten tareas de producción, escritura, y montaje, un modo de hacer cine, y de ver el mundo. Quizá personalmente sean divertidos, como el matrimonio Ripstein-Garcíadiego, pero, igual que éstos, hacen películas angus-tiantes.

 Violencia

En «Solo contra todos», el carnicero en quiebra, ex-convicto, quiere rehacer su vida, pero, con compromisos afectivos que no quiere, y situaciones similares, vaya donde
vaya, sólo puede manifestar resentimiento y violencia. Demasiada violencia. Entre monólogos de un tipo que a nadie le gustaría tener por vecino (monólogos que, según conocedores, abrevan en algunos textos escabrosos del poeta ultraderechista Louis-Ferdinad Céline), imágenes de suburbana mezquindad, y momentos espeluznantes, muy desagradables, incluso situaciones de incesto y abandono de una hija autista, todo matizado con golpes de cámara, sonidos chocantes, y algún letrerito burlón, Gaspar Noé hace un retrato ciertamente reconocible, y difícilmente soportable, de una calaña humana en estado de crisis. Es un realizador hábil e incisivo.
Su obra, sin embargo, carece del soporte espiritual (y de la altura artística) del «Taxi Driver» con el que se la ha querido comparar. Y tampoco tiene los alcances de «Un día de furia».

Dejá tu comentario

Te puede interesar