27 de abril 2000 - 00:00
"SOLO GENTE"
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No es que esta película sea la octava maravilla. Al contrario, se le pueden criticar varias cosas, cuestionar varias elecciones formales o narrativas, pero, la verdad, dice algo necesario. Y lo bueno es que no lo dice con palabras sino con la sola fuerza de las imágenes y de los hechos: estado edilicio y equipamiento ruinoso de los hospitales públicos, displicencia e hipocresía de algunos directivos y de médicos que sólo quieren «hacer carrera» y, también, desagradecimiento y maledicencia de muchos pacientes, que ven lo malo hasta en la parte buena.
Esa parte buena es, hay que subrayarlo, la dedicación y el empeño pocas veces reconocido, que ponen tantos miembros de la sanidad, cada día y cada noche de guardia.
Para mostrar esto, Maiocco cuenta la experiencia de un joven practicante que se compromete con los enfermos suyos y ajenos, y descubre el enorme valor de la comunicación personal por encima de los aparatos o de los profesionales que recomiendan no involucrarse en ningún caso.
Corresponde discutir, a nivel clínico y a nivel drama-túrgico, el modo en que dicho personaje aplica su descubrimiento, pero, a fin de cuentas, si los norteamericanos hicieron toda una película sobre los méritos de la humorterapia... Con sus defectos y virtudes, con un adecuado y muy bien respaldado Pablo Echarri, «Solo gente» se inscribe en la línea de «El viejo doctor», «Hombres y mujeres de blanco», «Los médicos», y «Darse cuenta». Es sana compañía.




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