27 de abril 2000 - 00:00

"SOLO GENTE"

El doctor Roberto Maiocco, que por su profesión conoce a fondo el tema aquí abordado, debutó años atrás con «Gracias por los servicios», interesante drama centrado en unos pocos elementos. Ahora, para su segunda película, se animó a trabajar más personajes, más locaciones y situaciones variadas. Considerando la labor de su protagonista, seguramente, también tendrá más público.
No es que esta película sea la octava maravilla. Al contrario, se le pueden criticar varias cosas, cuestionar varias elecciones formales o narrativas, pero, la verdad, dice algo necesario. Y lo bueno es que no lo dice con palabras sino con la sola fuerza de las imágenes y de los hechos: estado edilicio y equipamiento ruinoso de los hospitales públicos, displicencia e hipocresía de algunos directivos y de médicos que sólo quieren «hacer carrera» y, también, desagradecimiento y maledicencia de muchos pacientes, que ven lo malo hasta en la parte buena.
Esa parte buena es, hay que subrayarlo, la dedicación y el empeño pocas veces reconocido, que ponen tantos miembros de la sanidad, cada día y cada noche de guardia.
Para mostrar esto,
Maiocco cuenta la experiencia de un joven practicante que se compromete con los enfermos suyos y ajenos, y descubre el enorme valor de la comunicación personal por encima de los aparatos o de los profesionales que recomiendan no involucrarse en ningún caso.
Corresponde discutir, a nivel clínico y a nivel drama-túrgico, el modo en que dicho personaje aplica su descubrimiento, pero, a fin de cuentas, si los norteamericanos hicieron toda una película sobre los méritos de la humorterapia... Con sus defectos y virtudes, con un adecuado y muy bien respaldado
Pablo Echarri, «Solo gente» se inscribe en la línea de «El viejo doctor», «Hombres y mujeres de blanco», «Los médicos», y «Darse cuenta». Es sana compañía.

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