13 de agosto 2001 - 00:00

Sólo música y puesta escapan del naufragio

Después del mar.
"Después del mar".
 Su mayor terror es que la mujer lo alcance. En cambio, el protagonista de la pieza de Roberto Gispert y Victoria Carreras, soporta estoicamente la estupidez y la grosería de su compañera, tratando vanamente de hacer que ella se refine un poco. Aunque sus esfuerzos re-sultan infructuosos.

Además de músico, Facundo Ramírez es un buen actor, sensible y expresivo, y Victoria Carreras tiene una innata simpatía. Pero la pieza es endeble; las situaciones, caprichosas; y el diseño de los personajes, absolutamente esquemático.

Su tono oscila entre una pretendida erudición y el lenguaje y los gestos soeces de la prostituta. Poco creíble, sin embargo, en su diseño, aunque utilice términos que parecen extraídos de una letrina.

Miguel Guerberoff no se maneja con comodidad en la comedia, y en este caso, lo caprichoso de la trama sólo exige que cada uno de los episodios se empalme con el siguiente, para otorgar al espectáculo cierta consistencia. La puesta lo logra, aunque el mayor sustento del desarrollo proviene de la música compuesta por el mismo Ramírez.

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