21 de noviembre 2003 - 00:00

Sólo una rutina de espadachines

Escena del film
Escena del film
«El mosquetero» (The Musketeer, Al.Lux.-GB., 2001, habl. en inglés). Dir.: P. Hyams. Guión: G. Quintano, F. Zioltowski, sobre A. Dumas. Int.: J. Chambers, M. Suvari, C. Deneuve, T. Roth, S. Rea.

E s muy adecuado el título en singular que tiene esta rutinaria aventura de espadachines franceses a la americana, con coreografía de peleas a cargo de un chino, y personajes y situaciones vagamente apoyados en famosos textos de Alejandro Dumas (y cabe agregar: producción anglo-germana rodada en campos y castillos luxemburgueses por un director americano que ya fue, sin nunca haber llegado).

No se trata de una nueva versión de «Los tres mosqueteros», con su inefable lema «Todos para uno, y uno para todos». Aunque repitan la consigna un par de veces, lo que acá vemos es una especie de superhéroe que casi siempre se las arregla solo: es El mosquetero, los demás son comparsas. Igual que Batman, cuando era niño presenció cómo asesinaban a sus padres. Al menos logró dejarle una buena cicatriz al asesino. Ambos se odiarán el resto de la vida, etcétera.

Quien haya visto una de estas historias, las ha visto todas. Y quien vio cualquier versión de «Los tres mosqueteros», aquí verá casi todo distinto. Por ejemplo, el caballo del gascón es una yegua preciosa. El malo no es el cardenal Richelieu, pobre hombre, sino quien le hace el trabajo sucio y toma decisiones por su cuenta. La reina no anda en amores con el fulano de Buckingham, ni hay que rescatarle ningún collar. Los duelos dejaron de estar a la orden del día. El espíritu de la novela, también. Como interesante, puede anotarse lo original de ciertas peleas diseñadas, con bastante antojo, por el mismo que pergeñó las de «Matrix» (lástima que sólo una de ellas sea a plena luz), la condescendiente cancha de la reina al disfrazarse de campesina (similar a la de Catherine Deneuve como reina disfrazada de «éste es el bodrio que me toca hacer este año»), la torpeza de algunos cortes (quizá como fruto de un rodaje poco inspirado), y algunas pizcas de ingenio en un diálogo del cardenal con el espadachín. «Los hombres sin codicia me ponen nervioso», reflexiona luego el prelado. Buen despliegue de escenografía, vestuario y demás, cargosa la música, mejor la fotografía que la dirección, ambas a cargo del mismo sujeto. Nada que decir del protagonista, ex modelo de Calvin Klein, ni de su partenaire, una chica de las «American Pie» tan nariz parada que, en comparación, la Deneuve es la mar de simpática. En suma, no es que la cinta sea del todo mala, ya que deja pasar el rato y luce atendible factura. Simplemente es desangelada e innecesaria.

P.S.

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