30 de septiembre 1999 - 00:00
"S.O.S. VERANO INFERNAL"
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Lee partió de un punto similar al de su mayor clásico, «Haz lo correcto», pero lo unió a un hecho histórico, ocurrido en el verano de 1977 cuando en medio de una opresiva ola de calor, con cortes de luz y saqueos colectivos, buena parte de la población de NuevaYork vivía aterrorizada por los crímenes del Hijo de Sam. Un peluquero del Bronx que podría haber visto al asesino durante una escapada extramatrimonial -además de tocar la sangre de sus víctimas-es el personaje que une los hechos de dominio público con los que imagina el director, coguionista e intérprete (en el rol de un reportero televisivo) para elaborar su relato fascinante sobre locura colectiva e intolerancia.
El Hijo de Sam anda suelto, y podría ser cualquiera de los extraños habitantes del Bronx que pululan por el film. Sobre todo cuando la policía le pide ayuda al mafioso Ben Gazzara para que los ayude en una búsqueda imposible, por lo que desde un cura alcohólico hasta un punk o un veterano de Vietnam pueden convertirse en sospechosos para los gángsters parapoliciales.
Un autor en el mejor sentido, Spike Lee consigue saltar del problema que afecta a toda una ciudad a los dramas personales de sus personajes sin que el guión jamás pierda la perspectiva planteada desde un comienzo. Los problemas sexuales del protagonista y su esposa ( Mira Sorvino, más atractiva que nunca) o las actividades marginales de su amigo punk ( Adrien Brody) entran y salen de foco con total naturalidad, por lo que la trama se vuelve imprevisible, con giros sorpresivos constantes que atrapan al espectador con la guardia baja, metiéndolo de lleno en conflictos que son cada vez menos frecuentes en una producción de los grandes estudios (en este caso Disney). Como buena parte de la hipocresía y las actitudes políticamente incorrectas de los personajes son de otra época, Spike Lee los puede usar mezclando sus aspectos dramáticos con el humor negro y el tono crítico que siempre lo caracterizó. La intensidad de las escenas y la estética hiperkinética, cambiante y siempre sorprendente de esta película bastaría para recomendarla sin ningún tipo de reparos, aunque es obvio que la crudeza generalizada y las constantes referencias a la cultura pop de 1977 (del disco al punk, el porno gay y los centros de sexo grupal) no resultará apta para el público demasiado acostumbrado a la cultura light de los '90. Pero así fue el verano de Sam, y Spike Lee lo llevó a sus máximas posibilidades visuales y dramáticas en un trabajo memorable, original y fuera de lo común en la propia filmografía de su director, que se atrevió hasta a dejar en un segundo plano los hits de música soul y funky de siempre (salvo por Marvin Gaye y Barry White) para poner el mayor peso musical en dos temas de los británicos y blanquísimos The Who.



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