19 de enero 2001 - 00:00
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Michael Caine.
Durante los tumultuosos años '60, Caine fue uno de los máximos animadores nocturnos del «swinging London». Junto a él, una pandilla de seductores y bebedores del calibre de Peter O' Toole, Richard Harris, Oliver Reed y Terence Stamp, que salían todas las noches «a quemar la ciudad». ¿Qué resta de aquello? «Me temo que quedamos Londres, Terence y yo». Oliver Reed murió el año pasado destruido por el alcohol en el set de «Gladiador» y Peter O'Toole tiene serios problemas de salud. Richard Harris sigue en la brecha, pero Caine y él se profesan un odio mutuo.
«Terence se ha convertido en un radical defensor de la vida sana. Tengo una estupenda amistad con él, gracias a que le pude perdonar que me levantara varias novias durante algunas borracheras», comenta.
Lady Shakira Caine (la ex miss Guyana a la que persiguió hasta lograr casarse con ella) o «mi bella esposa», como prefiere llamarla él, le aportó estabilidad familiar, una hija y serenidad. Hoy, familia es el término que más utiliza en su conversación.
Cuando no viaja y filma, el protagonista de «Vestida para matar» y «Hannah y sus hermanas» alterna su vida en dos residencias, una mansión en el barrio de Chelsea y una casa de campo en Home Counties, con un jardín en el que ha enterrado a su madre Frances y a su hermanastro David, junto a los que ha manifestado su deseo de ser sepultado. Caine tiene una hija, Dominique, de su primer matrimonio con la actriz Patricia Haines, y una segunda, Natasha Halima, con Shakira.
La belleza de Shakira y su propio físico son motivo de otra broma: «Mire, hay días en que tengo la sensación de estar casado con el mismísimo retrato de Dorian Gray. Me levanto, me miro al espejo y ahí está ese tipo de cara fofa, lentes y pelo blanco. Miro a Shakira y nada, ahí está inmutable, como si el tiempo no pasara para ella». Pero al contrario que otras estrellas del género masculino, Caine no piensa rejuvenecer artificialmente su físico.
«Voy a cumplir 68 años y no quiero aparentar ni un mes menos. No me pienso teñir el pelo con Grecian 2000 ni operarme la cara para seguir interpretando tipos que se llevan a la chica joven.Ahora me dan buenas películas con interesantes papeles de hombres que se llevan a la madre de la chica. Me parece bien. Le veo ventajas a lo de envejecer, el estrés desaparece por completo, sobre todo el estrés de tener hijas adolescentes, ¡eso sí que es tensión!», dice entre risas.
Sir Maurice Micklewhite se dispone a afrontar una de las épocas más laboriosas de su vida. Tras conseguir un segundo Oscar por su papel de médico abortista en «Las reglas de la vida» (el primero fue en 1987 por «Hannah y sus hermanas») y el estreno de «Shiner», en muchos sitios ya se lo está viendo como el sádico doctor Royer-Collard de «Letras prohibidas: la leyenda del Marqués de Sade»; en otros, como el consultor de belleza homosexual Victor Melling de «Miss Congeniality» y en un irónico cameo de la remake de «Un asesino implacable» («Get carter», film que protagonizó en los 70).
«Estoy entrando en lo que denomino mi período australiano», enfatiza pomposa y humorísticamente. A continuación, hace referencia a tres películas, dirigidas por realizadores de las antípodas, que va a rodar: «Last Orders», de Fred Schepisi y basada en la novela de Graham Swift; la remake de «El americano tranquilo», de Philip Noyce, a partir de la narración de Graham Greene, y James Boswell «The defence», de Bruce Beresford.
«En ellas seré un delincuente veterano, un cínico corresponsal periodístico y un abogado.»
Tras 100 películas en 45 años y dos Oscar, el dueño de seis restoranes ve así las cosas: «Lo lógico sería parar un poco, ahora que estoy envejeciendo, y retirarme a disfrutar más de mi familia. Pero me llegan guiones extraordinarios y ofertas que no puedo rechazar. Y no me refiero al dinero, sino al trabajo que me proponen.Ya no hago las películas por dinero, las hago por amor. Hacer cine es la pasión que me impulsa cada mañana».
Al margen de los proyectos mencionados, prestará su voz a la tortuga de plastilina que los autores de «Pollitos en fuga» han ideado para llevar al cine la fábula de Esopo, «La tortuga y la liebre». Y es que no hay límites para su genio, corroborado por un logro del que se siente especialmente orgulloso, su título de sir. El pasado 16 de noviembre, Isabel II proclamó a Michael Caine sir Maurice Micklewhite en un solemne acto. Tras imponerle la espada en los hombros, la reina le comentó que llevaba ya mucho tiempo en la profesión de actor. «¿Sabe una cosa majestad?, yo tengo la misma impresión sobre usted», respondió, no pudiendo reprimir la tentación de teñir de ironía incluso el momento más importante de su vida.




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