"Soy politiquero en mi vida; en la radio no"

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"Soy el hippie más viejo. Me pesa la edad, he sido joven y he sido viejo, es mejor ser joven", dice Rolando Hanglin y completa la idea con una reflexión de Woody Allen, quien al cumplir 70 años, dijo que lo único que da la vejez es dolores, y que aquello de la madurez y la sabiduría es una mentira. «Claro, te da limitaciones físicas, imposibilidades, todo es menos, lo único mejor es el trabajo de uno, pero la ventaja que tiene ser viejo es que uno ya sabe lo que no podrá hacer. Yo ya sé que no voy a ser el 9 de River, que no voy a ser campeón argentino de peso mediano, que no voy a ser galán de cine erótico, que no voy a ir a vivir un año con los indios del Amazonas, porque estoy para ir a un buen hotel, no me banco humedad ni mosquitos. Hay cosas que ya no son para mí».

Además de su programa radial llamado «Rolando Hanglin», en Radio Diez, de 15 a 18, el conductor que protagonizó uno de los pases más importantes del año (dejó Continental luego de 22 años) presenta la obra «El hippie viejo habla de sexo» en el Teatro Chacarerean, junto a su ex esposa y actual pareja Marta Ibáñez. También escribe un libro que entregará en marzo, aún sin nombre, que mantiene el espíritu de, otra vez, «El hippie viejo».

Periodista: ¿Fue para sentirsemás joven que pasó por el quirófano televisado de «Transformaciones»?

Rolando Hanglin: Quería estar más flaco y más joven. Como eso sale caro, de repente que vengan y te digan que te operan gratis... acepté. Después me pasó lo que debe pasarle a muchos, lo que es algo sencillito de una semana se convierte en una tortura que dura más o menos un año, el posoperatorio es eterno, todavía no me siento bien. Era mejor la dieta de Ravena que eso, te duele, te molesta, entrás al quirófano con la ilusión de ser lindo y joven y sale un monstruo con moretones. Es una gran desilusión y un gran sacrificio. Admiro a las mujeres que se operan todos los años. Lo mío era sacarme un poco de panza; no me puse la faja gástrica, fue una lipo y la papada, pero sinceramente es un sufrimiento. Ese tipo de experiencias siempre se paga caro.

P.: Hablando de pagar caro, ¿cómo tomó la cobertura mediática de su separación?

R.H.: La privacidad la invaden porque uno lo permite. Podría haber dicho de esto no hablo pero yo hablé. Siempre de manera indirecta, pero entre lo que hablé yo y otras cosas que salieron, se armó un clima de tipo policial. Mala suerte. No voy a criticar porque soy parte del mismo circo y el que no quiere, no participa. Hay tipos que nunca dieron una nota y siempre trabajaron, yo me muestro, a veces al día siguiente me arrepiento pero en suma, mi estilo me trajo hasta acá.

P.: ¿Qué cambió de su programa por el nuevo horario radial?

R.H.: La tarde fue un horario que siempre me fue bien porque tuve suerte y le encontré la vuelta. A partir de la 1 del mediodía todo ya se contó, primera plana, segunda y tercera. De manera que lo que queda es aquello que no es noticia, es decir la vida de la gente, que es lo más interesante. No hay más novedades de famosos ni de políticos, está todo sabido e informado, no queda más remedio que crear. Tengo un horario existencial, no informativo. La mañana te presiona a la realidad porque están pasando cosas todavía.

P.: ¿Y qué cambios hubo por la nueva radio?

R.H.: No tengo problemas en las radios porque no soy politiquero, y si lo soy, es en mi vida personal, no me caracterizo por ninguna prédica política. Hay diferencias a la hora de trabajar, Continental es más intelectual, burocrática,más lenta en las decisiones. Radio Diez es muy joven, el equipo directivo es rápido, sin ceremonias para tomar decisiones. Hay poca gente que toma decisiones por eso es más rápido. Se siente que el público es mucho más masivo, es enorme la repercusión.

P.: ¿Cómo imagina la cobertura de un año electoral, teniendo en cuenta la actitud del Gobierno hacia la prensa?

R.H.: No es mi problema. Cuando llegan las elecciones todos los gobiernos se interesan por hablar y los políticos quieren periodistas, no importa si les gustan o no, pero los quieren. A mí en lo personal, las elecciones no me cambian la vida o mejor dicho sí, suele aumentar el caudal publicitario, lo cual es bueno.

P.: ¿A qué atribuye el éxito de «Radio 10»?

R.H.: La potencia es muy importante y después está una buena gama de profesionales de distintos estilos pero todos con poder de comunicación. Son todos comunicadores fáciles de entender, está pensado para el gran público popular. Si se suma eso a que no es solemne ni acartonada, es divertida, tiene simpatía, sentido del humor, con eso se hace la diferencia.

P.: Pero hay pocas radios acartonadas o solemnes, si es que queda alguna...

R.H.: Es cierto, son pocas, pero si buscan copiar, hay que ver qué pueden hacer. Quizá intenten pero la mezcla entre potencia más inteligencia es un poco difícil de voltear. Yo escucho todo, de la mañana a la noche, hasta escucho dormido. No voy a juzgar a mis colegas, pero puedo decir quién me gusta: me gusta Alejandro Dolina, Baby Etchecopar, el «Negro» Oro, Mario Mactas, Mex Urtizberea.

P.: ¿Y qué dice de la TV?

R.H.: Veo muy poca TV, nunca miré, hace años que no veo. Me gustaba el programa de Francella cuando estaba «Casados con hijos», me resultaba muy ingenioso, una muy buena obra de arte. Luego el partido y la pelea...

P.:
Es conocida su militancia en la homeopatía, masajes tibetanos, gusto por Osho, la meditación, el tantra ¿cómo toma que los intelectuales desprecien varios de estos aspectos, especialmente a Osho?

R.H.: Todas las señoras hacen yoga en este país, meditación y derivados, pero todas son modas. Y si critican, a alguien hay que leer, si desprecian o no a Osho, me da igual. Yo no quiero decir que estoy de vuelta de la meditación pero todo cansa en esta vida, hoy me interesa más leer ficción, me gusta vivir ficción es decir, hacer teatro, ir al cine, más que meditar. Jamás fue mi fuerte la meditación; si meditar fuera sentarse un rato y quedarse quieto, no es tan genial como invento.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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