28 de septiembre 2006 - 00:00

Stone pisó fuerte en San Sebastián

Oliver Stone contra la derecha y la izquierdaen el mensaje unificador de «World TradeCenter».
Oliver Stone contra la derecha y la izquierda en el mensaje unificador de «World Trade Center».
San Sebastián - La vida defendiéndose hasta triunfar sobre la muerte, ése fue el tema de ayer en las dos películas más interesantes vistas en sala grande. No la española en competencia, «Las vidas de Celia», que no pasa de policial enrevesado, sino en la japonesa en competencia, «Hana», y en la ultranorteamericana «World Trade Center», de Oliver Stone, potente historia del rescate de dos policías atrapados entre los escombros de las Torres Gemelas.

El propio Stone presentará esta película en el Velódromo, pero antes promete charlar con la prensa y responder las suspicacias de izquierda y derecha que despierta su nueva obra, donde «los buenos» llevan uniforme de los EE.UU. (uniforme de policías, bomberos, enfermeros, pero especialmente de marines). En todo caso, lo importante de «WTC» no es la cuestión política, sino la humana. ¿Qué lleva a un hombre a resistir largas horas, en tremendas condiciones, la tentación de dejarse vencer por el agotamiento? Ahí pesan temas como la familia y las ganas de vivir de uno, y el heroísmo y la solidaridad de otros, que además también deben considerar sus propias vidas, antes de arriesgarse por un desconocido.

El asunto ya fue tratado por el cine, de modo más simple, en la francesa «L'autre» («El otro»), donde un tipo se cae a un pozo y un viejo le da ánimos desde el borde, dos días enteros. Cuando al fin llegan los rescatistas, y sacan al accidentado, el viejo se va sin dar tiempo a que le agradezcan. Bien, «WTC» tiene ciertas diferencias que hacen a la historia real, y al gran espectáculo, pero en el fondo es casi lo mismo.

Conviene recordar, de paso, lo que contaba la directora Susan Seidelman (la creadora de «Sex and the City») en un anterior festival de Mar del Plata: «Vivo a pocas cuadras de ahí. Muchos de mis vecinos trabajaban en las Torres. Cuando pasó aquello, corrimos a la escuela de nuestros hijos. Los maestros habían llevado a todos los chicos al salón de actos. A medida que los padres venían a buscarlos, el salón se vaciaba. Pero no se vació más que la mitad. Usted entiende. Nosotros llevamos los nuestros a casa de sus abuelos. Y después, durante dos semanas, estuvimos limpiando el polvo que había entrado, y lavando, y lavando. El olor se mantuvo como un mes, impregnando todo. Pero no nos mudamos. Seguimos ahí. La vida sigue».

Volviendo a San Sebastián. También la japonesa «Hana» tuvo su inspiración a partir de los sucesos del 11-S, contó su director Hirozaku Kore-eda (el mismo de «Afterlife»), pero en este caso porque «tales sucesos despertaron en muchos japoneses un fuerte deseo de participar en la venganza. De hecho, Japón fue casi el primer país en unirse a los EE.UU. para invadir Afganistán».

Como un tema trae el otro, Kore-eda recordó las películas de samurais, donde la venganza y el afán de muerte encabezan el código de honor de los guerreros (el Bushido, dicho esto sin doble intención). Y así terminó haciendo, aunque parezca mentira, una comedia de costumbres sobre un joven que debería vengar la muerte de su padre, pero se demora con una joven viuda y su hijo, y prefiere enseñar a leer a la gente del barrio, «ignorando» que el asesino que él debería matar es ahora, con otro nombre, un pacífico vecino, también a cargo de una viuda y dos criaturas. Pero el honor es el honor, y el joven debe responder de algún modo ante su clan.

Película de relativos logros y excesiva duración, interesa por su mirada aguda, desmitificadora, contraria a las estrictas pautas del género. Concluye Kore-eda: «Siempre se muestran samurais ansiosos de matar al rival. En verdad, se conformaban con marcarle un buen tajo en la cara, y punto» (como los taitas del viejo Buenos Aires).

Al cierre de este envío acaban de anunciarse los ganadores de la sección Cine en Construcción. Hubo premios de diversos sponsors para las brasileñas «La casa de Alice» y «La via lactea», y para la chileno-peruana «Fiestapatria» (así, todo seguido, quizá festejando que es la primera coproducción de ambos países en toda la historia), pero el premio mayor fue para la comedia argentina «Una novia errante», de Ana Katz, sobre conflictos de pareja (intérpretes, la propia Ana, Daniel Hendler, y Carlos Portaluppi). Esto cubre todos los gastos de ampliación y procesos de imagen y sonido que necesita la película para llegar a las salas.

Emocionada, Katz dedicó el logro a la memoria de Juan Pablo Rebella, el coautor de «Whisky», muerto hace pocos meses. Tras sus palabras de agradecimiento, también habló el productor y distribuidor Pascual Condito, quien fue aplaudido cuando definió a San Sebastián «como el mejor festival del mundo, con la mejor gente», pero no tanto cuando, entusiasmado, exclamó «¡Que viva España!» en tierra vascongada.

Poco antes se anunciaron los ganadores de Cine en Movimiento (versión africana del de Construcción): «Ne reste dans l'Oued que ses galets», de Jean-Pierre Lledó, sobre la relación de musulmanes, judíos, y cristianos antes de la guerra de Argelia, y «L'autre moitié du ciel», historia de dos gemelos según la directora tunecina Kalthoum Bornaz.

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