"STUART LITTLE UN RATON EN LA FAMILIA"

Espectáculos

R ecibir un hermano adoptivo nunca es fácil, especialmente si en vez de ser un chico es un ratoncito huérfano que habla y no deja de inspirar lástima en todos menos en el gato de la casa. Según el libro de B.B. White -adaptado por el mismo guionista y director de «Sexto sentido», M. Night Shyamalan-ésta es la premisa de una de esas raras películas infantiles que pueden ser disfrutadas sin inconvenientes por los acompañantes adultos, que seguramente podrán apreciar el absurdo sentido del humor y el surrealismo del planteo general.
La caprichosa lógica del universo de la familia de Little (donde los ratones pueden hablar con las personas, pero los gatos no) no impide dar lugar a una fábula liviana, divertida y bastante poco común, aunque con ciertas reminiscencias de películas para chicos filmadas en los '90 como «Babe el chanchito» y «Jim y el durazno gigante». En relación con estos ejemplos, «Stuart Little» resuelve muy bien el equilibrio entre los detalles más siniestros de la historia (como el submundo de gatos callejeros que se complotan en un plan criminal para evitar la herejía de que «un ratón tenga a un gato de mascota») y los límites de la sensibilidad infantil, que en este caso debe ser suave ya que el film parece apuntar sobre todo a una audiencia compuesta por chicos de 8 años para abajo (aunque de todos modos el éxito de taquilla que está teniendo en los Estados Unidos parece demostrar que la edad del público es indiferente).
Quizás el punto débil sea que el director
Rob Minkoff (uno de los correalizadores de «El Rey León») no supo darle a la película un ritmo demasiado ajustado, por lo que los pasajes de acción se elevan por sobre todo lo demás, especialmente en escenas memorables como el encierro del ratón en un lavarropas, la carrera de veleros de juguete y las inevitables persecuciones que se repiten a medida que la historia se acerca a su desenlace.
Técnicamente este producto es realmente sólido, con efectos (y dirección de segunda unidad) a cargo del experto
John Dykstra, que ayudó a lograr un ratón que interactúa a la perfección tanto con los actores humanos (incluyendo a la talentosa Geena Davis, en un rango similar al de «Beetle-juice» de Tim Burton) como con los gatos que merodean por el Central Park gracias a una bate-ría de efectos especiales de todo tipo. Probablemente el doblaje al castellano esté por debajo de la versión original, que incluye la voz de Michael J. Fox para el pequeño Stuart y las de Nathan Lane, Chazz Palminteri, Bruno Kirby y Jennifer Tilly para algunos de los gatos y ratones de reparto.

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