Suardi equilibra bien tragicomedia de Chejov

Espectáculos

«Tres hermanas» de A. Chejov. Dir.: L. Suardi. Int.: S. Galazzi,M. Solda, C. Fal y otros. Esc.: O. Puppo. Ilum.: J. Pastorino. Vest.: M. Banach. (Teatro Regio.)

La vida en una ciudad de provincia resulta muy poca cosa para las hermanas Prozorov. Cultas, refinadas y con un rechazo instintivo hacia todo lo que implique vulgaridad o mal gusto, sueñan con volver a Moscú donde pasaron sus gloriosos años de infancia, hace ya once años.

Olga, la mayor, (Stella Galazzi) da clases en un colegio y es quien ocupa, con paciencia y generosidad, el lugar que dejaron vacío sus padres al morir. En cambio, Masha (un rol a la medida de Carolina Fal) es una rebelde sin causa que soporta malamente las peroratas de un marido catedrático (notable composición de Iván Moschner) al que alguna vez creyó inteligente. El la idolatra de manera servil y ella premia sus empalagosas atenciones tratándolo como un felpudo. Hasta que un día la conflictuada Masha se enamora de Vershinin (Daniel Fanego), un teniente coronel con pretensiones de filósofo que, pese a su condición de hombre casado y padre de dos niñas, la seduce sin remedio. El affaire llega a su fin cuando la brigada de Vershinin es traslada a otro lugar.

Irina, la menor, (Malena Solda) ilumina con su presencia a todos los que la rodean. Pero a medida que el tiempo pasa, sus ideales de amor se van marchitando, sumiéndola en la desesperanza. A la vez descubre, muy a su pesar, que ganarse el sustento es mucho más aburrido y desgastante que llevar una vida ociosa como la que conoció hasta ahora.

Todas estas limitaciones hacen que Olga, Masha e Irina depositen su realización personal en el único varón de la familia: Andrei (Guillermo Arengo). Pero, éste, lejos de satisfacer las expectativas de sus hermanas, terminará convertido en un burócrata y en un marido cornudo. Su esposa, la vulgar y ambiciosa Natasha (Muriel Santa Ana) no tendrá ningún pudor en adueñarse de la propiedad de los Prozorov, echar de allí a sus cuñadas y recibir a su amante, mientras su marido dilapida el patrimonio familiar en las mesas de juego.

Este es apenas un pequeño esbozo de lo mucho que sucede en escena. Los personajes que por ella circulan (sean o no protagónicos) forman parte de un cosmos a punto de estallar. Los cambios sociales son inminentes, pero por el momento, la única fuerza que estos individuos son capaces de percibir es la del tiempo que todo lo destruye. Entretanto discuten y filosofan sobre el valor del trabajo, el sinsentido de la vida y la imposibilidad de ser felices.

Luciano Suardi montó la obra de Chejov prácticamente sin cortes. Su versión dura unos 130 minutos, pero no agobia porque está llena de pequeños detalles: un beso robado, una canción rusa coreada durante un almuerzo, el baile que interrumpe un aguafiestas. Quizás no todas las actuaciones resulten igual de convincentes, pero aún así el elenco no defrauda. Su mayor acierto es haber alcanzado un buen equilibrio entre los elementos cómicos y trágicos de la pieza. En este sentido, uno de los de los personajes más atractivos de «Tres hermanas» es Chebutikin (a cargo de Alberto Segado), el bufonesco médico militar que con su descaro y escepticismo hace que el público estalle en carcajadas aún en medio de una desgracia.

Debido a su larga duración, la obra demanda un esfuerzo extra al espectador, pero felizmente esta versión brinda una muy clara exposición del devenir vital de cada personaje, así como de su ideología.

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