31 de julio 2001 - 00:00

Talento y suerte para revertir un show accidentado

María Lozano no las tuvo todas consigo en este concierto. Algunos problemas en la pista grabada que le sirve de acompañamiento la obligaron a interrumpir un par de veces su actuación y a modificar parcialmente el repertorio, y cortaron el clima de la primera parte. Pero, paradójicamente, en lugar de ahogarse en la dificultad, la cantante supo revertir la situación y dar cuenta de toda su capacidad artística.

Esos problemas técnicos, hicieron que interpretara, por ejemplo, una excelente versión de «Lía» a capella. O que tuviera la fortuna de ser acompañada al piano en un par de temas por Alberto Favero, presente en la sala después de haber terminado su espectáculo con Andrea Tenuta. Lozano se inclina especialmente por las canciones españolas, desde clásicos como «Ojos verdes», «Madrid, Madrid», «El ruiseñor», «La puerta de Toledo» y «Verde que te quiero verde», a piezas más modernas, como «Corazón partido», «Derroche» o la citada «Lía». Aunque también canta algunos boleros, como «Yo lo comprendo» o «Arráncame la vida», (dando la razón a su autor, Chico Novarro, cuando dice que es una de las mejores intérpretes de sus canciones).

Su afinación es impecable y su timbre es perfectamente apto para este repertorio que domina artísticamente con toda soltura. Aunque, seguramente, lo suyo -y quedó demostrado en esas dos canciones que casualmente tuvieron a Favero en el piano-mejoraría sensiblemente con la presencia de un músico acompañante; más allá de las cuestiones técnicas, no puede jamás compararse la frialdad de una pista grabada con la participación, aún con errores, de un músico en vivo.

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