"Tatuado"

Espectáculos

«Tatuado» ( Argentina, 2005, habl. en español). Dir.: E. Raspo. Guión: E. Cortés, E. Raspo. Int.: N. Pérez Biscayart, L. Ziembrowski, J. Anganuzzi, A. Ugo, H. Roca, C. Speroni, O. Alegre, G. Urtizberea, M. Paolucci, M. Gazpio.

De a poco nos vamos enterando. Acaba de nacer la hija del segundo matrimonio de un buen tipo, y justo el hijo adolescente que le quedó del primer matrimonio viene con la exigencia de indagar ya mismo por qué su madre los abandonó cuando él tenía apenas tres años de edad, dejándole -el día que se fue- un curioso tatuaje de recuerdo.

Celos, miedo a no ser querido, incapacidad de relacionarse (por algo le regala a la recién nacida un muñequito del Joven Manos de Tijera), lo que sea, el pibe es molesto pero sufre de veras. Y el padre abandona por unos días su nueva familia, para acompañar al hijo en la búsqueda de una verdad que puede ser dolorosa, acaso vergonzosa, o, en una de esas, simplemente medio infantil. A veces la gente no es todo lo madura que las circunstancias requieren, por ahí va la mano, pero eso es algo difícil de aceptar para un hijo.

El asunto es que justo cuando el hombre cree que ha rehecho su vida, el muchacho remueve sus heridas, las de sus abuelos, y las de otro tipo. Para colmo tiene alguien que le pasa letra, una chica bastante «sacada», muy agresiva y prejuiciosa contra todo lo que suene como norma o autoridad, lo que cualquiera diría una auténtica «busca roña». El pibe dice que es su novia. Y la defiende, pero eso porque teme que lo abandone, como lo abandonó la madre. Es curioso: el referente que aparece en varias partes de esta historia, como si hubiera acompañado la formación del chico, es
«El libro de la selva», ése donde los animales van educando al niño perdido en las cosas de la vida. Sólo que, aquí, el único animalito que aparece es esta chica a la que llaman Tero, quizá por Teresa, pero quizá más bien por aquello de «en un lao pegan los gritos, y en otro ponen los huevos». Personaje interesante, representa muy bien el malhumor de ciertas criaturas volcadas a la izquierda por problemas familiares. No corresponde contar otros detalles.

Obra minimalista, sugerente, procura interesar al espectador en las resonancias de lo oculto, lo que nadie dice sino de a poco, de modo incompleto, y como si le doliera el hígado. Cuando al fin alguien dice más de dos frases seguidas, todo se explica, igual que
«Paris, Texas», se acabó el misterio, se acabó el dolor de hígado, y terminó la película. A destacar, Luis Ziembrowski, Antonio Ugo, y el debutante Nahuel Pérez Biscayart, el chico de «El aura».

P.S.

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