Ante el rechazo unánime de los teatristas del interior que acusaron a Paolantonio, entre otras cosas, haber colaborado con la redacción del decreto a sus espaldas, el flamante presidente negó dicha participación pero defendió la medida y, de paso, a Stella «cuya dedicación y esfuerzo en este sentido» (la obtención de la autarquía) «creo de justicia hacer notar».
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Con la entrada en vigencia del decreto que cambió la naturaleza jurídica del Instituto Nacional del Teatro a ente público no estatal y designó presidente a su hasta ayer director, José María Paolantonio, y vicepresidente a la delegada de la Secretaría de Cultura en el INT, Griselda Strat (también actriz como Rubén Stella, y de nombre artístico Miriam) se acentuó ayer el conflicto que causó la novedad entre teatristas de todo el país reunidos en Mendoza, donde se realizó este año la Fiesta Nacional del Teatro.
El habitualmente apacible desarrollo de esta fiesta que anualmente reúne a elencos de todo el país en una provincia distinta se quebró abruptamente cuando, mientras todos esperaban la firma de la Ley de Autarquía financiera, que en la apertura de la muestra Rubén Stella, aseguró era «cuestión de horas», empezó a circular el borrador del decreto que entró en vigencia ayer con su publicación en el Boletín Oficial. El artículo que establece la creación de las figuras de Presidente y Vicepresidente (este último facultado para reemplazar al primero «en caso de ausencia o delegación expresa de éste») cayó como una bomba entre representantes del interior del país, que consideran que esto hace perder atribuciones al Consejo de Dirección integrado por varios de ellos y sólo le deja tareas de asesoramiento (Strat dijo ayer, por caso, que pueden «proponer planes de fomento, giras, certámenes y festivales»).
Ante el rechazo unánime de los teatristas del interior que acusaron a Paolantonio, entre otras cosas, haber colaborado con la redacción del decreto a sus espaldas, el flamante presidente negó dicha participación pero defendió la medida y, de paso, a Stella «cuya dedicación y esfuerzo en este sentido» (la obtención de la autarquía) «creo de justicia hacer notar».
Según Paolantonio, este decreto «llenaría un vacío en la Ley 24.800 (que dio origen al INT) y que no establecía con claridad las atribuciones ni de los delegados provinciales ni las del Director Ejecutivo». No piensa lo mismo, entre los muchos opositores, el actor santafesino Rafael Bruza, quien declaró ayer que « con la excusa de devolver la autarquía que le corresponde, se ha hecho una modificación estructural que transforma un gobierno colegiado en un poder uni-personal».
En cuanto al poder de que los teatristas del interior consideran recortado, el funcionario afirma que «No hay en el mundo un organismo colegiado que, además, sea ejecutivo. De ninguna manera la nueva situación disminuye su poder, porque el Consejo sigue siendo el encargado de fijar las políticas, cuidar el manejo del patrimonio, otorgar las becas y subsidios. Pero la ejecución de lo que decide el Consejo la hace la parte ejecutiva administrativa, tal como ocurre en el gobierno nacional». Paolantonio dice que «después de haber hecho las consul-tas pertinentes», le dieron una explicación «muy simple»: que otros órganos gubernamentales con jurisdicción federal, PAMI, ANSES, AFIP y el INCAA, «tienen su conducción conformada de esta manera». Hay que recordar que el duhaldismo en Cultura se ha movido siempre con estructuras «presidencialistas», cargo que también ostenta Jorge Coscia al frente del INCAA; sin embargo, las formas específicas y tan distintas de producción entre un medio y otro (el cine suele encolumnarse muy rápidamente tras los distintos ocupantes del sillón de Lima 319, a la espera de créditos, cosa que no ocurre con el teatro), han dado como resultado que los muchas veces humildes teatristas de todo el territorio se resistan a la idea de un ente centralizado paraestatal, cuya autonomía con respecto al poder político muchos ponen en duda.
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