25 de junio 2003 - 00:00

Teatro de fronteras: un Mercosur popular

Festival de teatro
Festival de teatro
Puerto Iguazú - Tal fue la repercusión del Primer Festival de las Tres Fronteras (concurrió en sólo tres días 30% de la población de Puerto Iguazú) que confirmaron para el 21 de junio de 2004 la segunda edición del encuentro. En tanto, se proyecta otro Festival de Frontera, el de la Puna, en el punto que comparten Argentina, Chile y Bolivia. Estiman que sea antes de fin de año y participarán elencos invitados de Ecuador y Perú.

A diferencia de las diferentes Fiestas de Teatro, a la que suele asistir únicamente público del quehacer teatral, en el caso de este Festival la gran sorpresa de participantes y organizadores fue la concurrencia de público que jamás había ido al teatro.

En Puerto Iguazú, la única sala es el Parakultural de la Selva, a la que llegan algunas obras como parte de giras, mientras que el único cine que existía se ha cerrado. En tanto, el valor de la entrada no es lo económico que se desearía para fomentar asistencia de público masivo como el que se acercó, con entrada libre, durante los días del Festival.

Por tratarse de familias enteras que jamás habían estado en contacto con experiencias teatrales, fueron frecuentes las risas permanentes en obras dramáticas o la incomprensión absoluta, que dejaba atónita a la mayoría de los presentes, que hasta se quejaban por la corta duración. Claro que otros se despachaban con reflexiones del tipo: «la obra me hizo pensar mucho», aunque se trataba de una minoría entusiasta. Sin embargo, los organizadores consideraron que se superaron ampliamente las expectativas en lo referente al número de asistentes, con colas y gente que quedó fuera de las salas.

Respecto del espíritu de las obras, las piezas paraguayas se ciñeron a temas realistas, con reclamos ideológicos algo anacrónicos. El espectáculo «Babilonia Sur» de la Compañía de Calle transcurría literalmente en un basural, con pobres consumiendo ratas y restos humanos que se revelaban ante las autoridades requiriendo igualdad. Cerca del pastiche, desfilaron personajes bíblicos, artistas televisivos y militares, como principales exponentes de la problemática paraguaya.

Del lado de Argentina, se vieron piezas variadas. La compañía Fabrica de Artes, de Chaco, interpretó «Matar», una mirada de corte simbólica de las diferentes formas de la muerte. De esa función se vio salir a los más desorientados. Pero también hubo obras realistas con condimentos locales como el teatro callejero de Adhmar Bianchi o «El juego de poder», de la Compañía El Antifaz, de Misiones.

Los brasileños derrocharon su habitual jolgorio y desenfado, con obras de teatro-danza que enfervorizaron al público, aunque no se comprendiera la lengua portuguesa por parte de los hispanoparlantes. También hubo en las obras paraguayas largos pasajes en guaraní, pero más que impedir la comprensión dotaron de exotismo sus muestras.

•Incidentes

La frontera tripartita del noroeste impregna de un espíritu peculiar a la muestra. No sólo las obras que muestran los elencos de los diferentes países recrean problemáticas específicas que se tocan, sino que la odisea de cruzar las fronteras se convierte en un espectáculo en sí mismo.

Fueron legión los actores demorados en los diferentes cruces para la revisión de su documentación, como es lógico, pero las escenografías y utilerías también requirieron de engorrosos controles. Así, en migraciones se desmontaron los bártulos de las compañías para que los gendarmes realizaran el inventario de rigor, agudizando sensibilidades en los artistas.

Entre las tantas peripecias, se contó la de un grupo que no pudo pasar unas tacuaras (cañas vegetales), que fueron quemadas en la frontera. La explicación que se dio al caso se enmarcó en la
«preservación de la seguridad nacional». Uno de los gendarmes de frontera que participó del foro sobre «Intercambio de bienes culturales» explicó: «Es importante que no entre algo biológico que destruya, por ejemplo, una cosecha, con lo cual es indispensable que cuando un grupo asiste a un festival se asesore adecuadamente. En el caso de las tacuaras, seguramente no fue un problema aduanero, sino del CENASA».

El gendarme también destacó que en la Aduana de Paraguay se puede preguntar cuáles son los certificados que se tienen que presentar con cada mercadería.
«Hay problemas con la madera que llega de Oriente con plagas», enfatizó. Sin embargo, pese a los carteles en el límite que separa Brasil de Paraguay (unidos por el Puente de la Amistad) advirtiendo sobre prohibición de pasar alimentos, animales vivos o faenados, tabaco y alcohol, cualquiera que atraviese el puente a pie, verá que el paso de esos elementos es moneda corriente. La propuesta del Foro de Intercambio de Bienes Culturales apuntó a la creación de un sello del Mercosur, que acredite que los objetos de los grupos teatrales esté admitida.

Otro dolor de cabeza para los organizadores fue el paso de los elencos a causa de los diferentes documentos que se solicitan en la frontera: los brasileños llegaron a migraciones sin documento, solamente con su registro de conducir. En el caso de los menores, los de origen brasileño asistieron con la partida de nacimiento. Ninguno servía en la Argentina. Para resolver esos conflictos se propuso la confección de un cuadernillo para los festivales futuros de características similares.

Otro incidente: un ómnibus con un elenco de 70 paraguayos, que ya venía viajando seis horas, no pudo cruzar la frontera pues su micro no estaba autorizado. Así, los organizadores del Festival tuvieron que enviar un micro argentino a la frontera, los 70 se cambiaron de micro, con bártulos a cuestas, y continuaron el viaje hacia el destino final. A esto se sugirió que se otorgara a los futuros asistentes una suerte de «pase festival» para facilitar la circulación.

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