Kinky Boots: educación sentimental en tacos altos

Espectáculos

El reconocido musical de Broadway se "argentinizó" y no sólo divierte, sino que también promueve el amor, el respeto mutuo y la aceptación. Una experiencia colectiva a puro glitter.

Pisar fuerte. Eso hace la versión argentina de Kinky Boots, un musical que hizo furor en Broadway desde 2013. Todo un desafío para los actores y realizadores que, lejos de las comparaciones, llenan salas y reciben aplausos de pie. Es que más allá de un musical –y nada más ni nada menos que con canciones originales de Cyndi Lauper– , es también una experiencia completa que primero traslada a un universo diferente y después ofrece una mirada luminosa sobre el esfuerzo colectivo, el amor y la aceptación.

Ni bien se ingresa al hall del Teatro Astral, lo primero que se ve es una ambientación con luces rojas, con una boca gigante y las botas que simbolizan la obra, ambas en glitter, para que los espectadores se saquen fotos y se preparen para lo que se viene: una historia de colaboración y resiliencia, donde la belleza de lo diverso brilla.

La historia, con libro de Harvey Fiersein, arranca cuando Charlie Price (Fer Dente) hereda el negocio familiar luego de la muerte de su padre: una fábrica de clásicos zapatos de hombre “para toda la vida” situada en un pueblo de Inglaterra, que entra en crisis por la amplia oferta de calzado de calidad menor, pero más barato. Si bien Charlie no tenía las más mínimas intenciones de seguir este legado – de hecho, se había mudado a Londres con su novia Nicola – descubre que su padre tenía partidas enteras de pedidos devueltos. En un principio piensa afrontar la situación al despedir a 15 personas del staff, hasta que una de ellas, Lauren (Sofi Morandi), le dice que esa no es la solución, sino que más bien tiene que encontrar un “nicho de mercado” aún no cubierto.

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Lola y Charlie, interpretados por Martín Bossi y Fer Dente.

Lola y Charlie, interpretados por Martín Bossi y Fer Dente.

Y se encuentra con ese nicho de casualidad. Luego de viajar a la ciudad para vender a un antiguo cliente todo su stock a precio de costo, se topa con Lola (Martín Bossi), una drag queen que realiza shows en bares a la que se le rompe el taco por accidente. Y es entonces que a Charlie se le prende la lamparita: fabricar zapatos sexys y brillantes, capaces de soportar el peso de un hombre. Charlie convoca a Lola para que trabaje con ellos y diseñe las botas que le ayudarían a salvar el negocio familiar. Desde ese momento, la fábrica comienza a confeccionar una línea que podría cambiarlo todo: Kinky Boots.

Bossi bajó de peso y estudió canto y baile para ponerse en los pies de Lola, quien llega a la fábrica con las “Angels”, su ballet drag, todas con sus llamativos vestidos cortos–diseños de Verónica De La Canal y Alejandra Robboti–. Su arribo no sólo resulta una inyección de entusiasmo para Charlie, que comienza a entusiasmarse por el negocio y así, de poco, a sentir una inédita pasión por lo que hace, sino también para las empleadas mujeres. Pero no para Don (Nacho Mintz), un operario que cuando la ve venir, no duda en marcarle “el problema” de que en el lugar “solo hay baños para mujeres y varones” y hasta incluso la desafía a una pelea.

Es entonces que –en sus palabras, para no desencajar– Lola llega a la fábrica sin su ropa performática y se presenta como Simon. Con un traje y sin maquillaje, le revela a Charlie la gran tristeza que sentía al no haber sido aceptado por su padre.

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Desde ese momento –o tal vez antes– la obra además de entretener, incluye. Para empezar, tanto Lola como las Angels saludan desde su performance “Damas, caballeros y a quienes todavía no lo decidieron”; en otra de las escenas Lola corrige el artículo a Lauren al decir “Una travesti, deconstruite”, cuando se refiere a travestis en términos masculinos. Incluso Lola diferencia a una travesti (de corazón valiente) de una drag queen (una suerte de diosa en la Tierra).

En todo momento, la obra invita a pararse sobre otros zapatos (en este caso, botas diseñadas por Luciano Marra), a comprender y a aceptar a cada persona, con sus singularidades y con la unión como base para lograr un objetivo común.

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Sofi Morandi interpreta a Lauren.

Sofi Morandi interpreta a Lauren.

El musical, que en su versión argentina cuenta con la dirección de Ricky Pashkus, está basado en la película Kinky Boots (2005, Miramax) , que a la vez, está inspirada en un caso real (el de Steven Pateman, un inglés que en los años 90 hereda la fábrica WJ Brookes, en el pueblo de Earls Barton en Northamptonshire, Ingaterra. y que empezó a hacer estas botas por encargo a pedido de Sue Sheppard, dueña de una tienda para personas transgénero que necesitaba un proveedor de botas). La versión local es de Fernando Masllorens y Federico González del Pino y las letras de las canciones en español estuvieron a cargo de Marcelo Kotilar.

Con guiños argentinos, la Lola de Martín Bossi arranca al público carcajadas y lágrimas, a la par que despliega una destreza que sorprende; el Charlie de Fer Dente interpreta los temas de manera magistral y luce como nadie las botas rojas cuando se las calza; la Lauren de Sofi Morandi puede generar identificación en gran parte de la audiencia cuando interpreta la canción “La historia de los hombres equivocados” y un gran elenco acompaña con alegría a un público que podría aprender a querer más y mejor, más livianos, con menos tristeza y sin condiciones.

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*Kinky Boots se presenta de miércoles a viernes a las 21, los sábados a las 20.30 y las 23, y los domingos a las 20.30 en el Teatro Astral, Corrientes 1639.

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