4 de noviembre 2005 - 00:00

Tiene buena música, pero la historia no convence

Sólo lamúsicainterpretadapor la notablepianistaMargaritaFernándezpermitesobrellevar«Trío paramadre, hija ypiano decola», piezade ambientesofisticado,peroprevisible yllena declichés.
Sólo la música interpretada por la notable pianista Margarita Fernández permite sobrellevar «Trío para madre, hija y piano de cola», pieza de ambiente sofisticado, pero previsible y llena de clichés.
«Trío para madre, hija y piano de cola» de I. Apolo. Int.: M. Fernández, M.I. Aldaburu y A. Jaet. Dir.: I. Apolo. Vest. y Esc.: M. Maguna. Ilum.: A. Le Roux. Dir. Mus.: R. Blasco. (Sala «Cunill Cabanellas», Teatro San Martín.)

La originalidad de esta propuesta reside en su insólito entrecruzamiento de música y teatro, pero éstos nunca dejan de percibirse como dos mundos paralelos de difícil comunicación entre sí.

La notable pianista Margarita Fernández se ocupa de ejecutar en escena fragmentos musicales de once compositores (entre ellos Morton Feldman, Franz Schubert, Claude Debussy, Arnold Schönberg, Jean-Philippe Rameau y John Cage) prescindiendo de todo signo de actuación. A pesar de su curioso «autismo» musical, la intérprete ocupa el lugar de Malva, una mujer distante y misteriosa que sólo se conecta con su piano sin atender a los reclamos de Amanda (María Inés Aldaburu) su pareja de toda la vida, ni a las demandas afectivas de Zoe (Andrea Jaet), su hija adoptiva, que al quedar embarazada entró en una profunda crisis.
Mientras
Malva toca el piano -a veces desaparece de escenalas otras dos mujeres reconstruyen la memoria de este trío familiar que si bien fue fundado por una pareja femenina no presenta mayores diferencias con otras familias. El conflicto de la hija tiene que ver con una madre ausente que delegó en su pareja la función materna; pero finalmente la joven dejará de competir con ese tercero imbatible (el piano de cola) y hará las paces con Malva y también con ella misma. El dramaturgo y director Ignacio Apolo («Genealogía del niño a mis espaldas», «La historia de llorar por él») se concentró, esta vez, en temas netamente femeninos ligados a la identificación madre e hija y a las fantasías e idealizaciones que genera la maternidad. En ese sentido la obra tiene muchos puntos en común con «Sonata otoñal» de Ingmar Bergman y con una gran pieza argentina, «De profesión maternal» de Griselda Gambaro, ambas protagonizadas por madres abandónicas que anteponen sus ambiciones personales a toda noción de instinto maternal.

La obra de Apolo fluye entre el presente y el pasado sin dificultades, pero el autor se toma demasiado tiempo para narrar una historia más bien previsible y con diálogos que no alcanzan la jerarquía poética que pretenden. A pesar del ambiente sofisticado que rodea a estos personajes abundan los clichés y los gritos destemplados. Sólo la música con su presencia cautivante justifica los extensos 90 minutos que dura este espectáculo.

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