Hay quienes defienden esta película pretextando que está muy mal doblada. El doblaje es malo. Pero, la verdad, está acorde con la película, eso es todo, y no vamos a decir que es lo mejor, porque ese lugar lo reservamos para el perro, que por otro lado tampoco es gran cosa.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Se trata de una supuesta comedia infanto-juvenil sobre un torpe, sucio e insulso cartero, metido a baby-sitter de un gordito, hijo de una chica bastante atendible, tipo Leticia Bredice pero menos linda. El caso es que el torpe y el gordito dan refugio a un mastín inglés, todo blanco él, perseguido por la mafia.
En efecto, dos (también torpes) mafiosos lo persiguen, porque el perro es un superpolicía, y ahora está, o debería estar, en un programa federal de protección de testigos. Que un perro esté en ese programa no deja de ser un buen chiste. También es chistoso ver el parecido entre el perro y su entrenador. Y provoca cierta satisfacción ver cómo el animal evita que dos sordomudas sean robadas y, sobre todo, cómo ambas mujeres le terminan dando carterazos al cartero, que no las entiende para nada.
El problema es que, fuera de ésos, no hay otros motivos para reírse, porque el resto son simples guarangadas de un cómico malo, que se revuelca en caca de perro y vomita ante cámara un cereal sin azúcar, para hacerle propaganda (con marca y todo) a otro azucarado y con colorantes artificiales. Todo de mal gusto, y para colmo sin la menor gracia. Vale decir, en este caso da lo mismo quedarse a ver la tele que sacar al perro a festejarle las gracias que haga, que seguramente son más lindas.
Dejá tu comentario