4 de marzo 1999 - 00:00
"TIENES UN E-M@IL"
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Meg es la encantadora dueña de una librería artesanal, pequeña y acogedora. En el negocio, heredado de su madre, todo es maravilloso, hasta que una mañana descubre que justo a la vuelta se abrirá la prepotente sucursal de la megacadena de librerías Fox, que seguramente habrá de barrer con ella en cuestión de meses. Paralelamente, Meg, que vive en pare-ja pero que no es demasiado feliz, se involucra una noche vía e-mail con un hombre que, naturalmente, resulta ser Tom, el heredero de la voraz cadena Fox, a quien detesta. Pero para que ella descubra con quién se está escribiendo y «chateando», deberán transcurrir las excesivas y redundantes dos horas de película. ( Ernest Lubitsch, director del film original, se arreglaba con media hora menos y con resultados fran-
camente superiores, aunque el guión se hubiese escrito con una Remington.)
Nada escapa a la fórmula en este film tan rígidamente pautado: Tom será un voraz tiburón, pero en el fondo es un muchacho bondadoso que sólo quiere la felicidad de Meg, aunque con sus ofertas la obligue a cerrar el negocio; Meg termina bajando las cortinas, va de incógnito a sufrir a la megalibrería Fox, donde corrobora que los vendedores no saben nada de libros y son incapaces de orientar a los clientes, pero, también en el fondo, será capaz de advertir la bondad de Tom, y enamorarse de él.
No se trata, en definitiva, de cuestionar la verosimilitud del argumento de esta comedia blanca y azucarada, porque de ellas está hecha la gran tradición del cine americano: ocurre, sencillamente, que «Tienes un e-m@il» carece de ángel, o en todo caso su ángel está tan asfixiado por los adivinables cientos de borradores, toques y retoques en los diálogos y situaciones, que cuando intenta salir ya está quebrado.
Pero, francamente, si se trata de encontrar algo inverosímil en la película, eso sería el ataque contra las grandes cadenas norteamericanas de libros que son, como ningún turista culto ignora, una meca para lectores exigentes -y pobladas de vendedores instruidos; en el film, con seguridad, la referencia de la cadena «Fox» es a la poderosa «Barnes & Noble», que con seguridad no ha de haber colaborado con el film. En cambio, la cadena de cafés al paso «Starbucks» debe de haber financiado la mitad de la película, porque hasta le dedican una escena entera con la voz en off de Tom Hanks reflexionando acerca de la infinita variedad de sus gustos y sabores. Como se advierte, siempre habrá algún chivo en un lugar del corazón, por más enamorado que alguien esté de Meg Ryan.




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