11 de julio 2003 - 00:00

Todo Hlito en una muestra imperdible

Parte de la serie Efigies
Parte de la serie "Efigies"
L a muestra «Alfredo Hlito-Retrospectiva 1945-1993» que se exhibe en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta está compuesta por 106 obras entre pinturas y dibujos provenientes de colecciones privadas, la Fundación Banco Ciudad y el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Encarar la obra de Hlito (1923-1993) exige también leer sus esclarecedores «Escritos sobre Arte», que nos va guiando por las distintas etapas de su quehacer estético. Desde sus interrogantes y reflexiones sobre el Arte Concreto -debe recordarse que fue miembro del movimiento Arte Concreto-Invención-recopilados y publicados en 1955 por la Academia Nacional de Bellas Artes, así como el Prefacio a la edición en castellano de «Documentos para la comprensión de la pintura moderna» de Walter Hess (1967). Y entre otras publicaciones, «El hombre como Sujeto de Arte» (1985), notas sobre Victorica, de quien admiraba el color, y la «pintura interior» de Lacámera, prólogos a libros de Murena y otros autores.

Hombre cultísimo, siempre actualizado sobre las corrientes del siglo XX, leía a Fran-castel, Read, Venturi, Wörringer, Merleau Ponty. «Yo empecé a pintar cuando me puse en la órbita de Joaquín Torres García», confesaba el artista. Por eso, algunos cuadros de 1945 remiten a la trama ortogonal del maestro uruguayo. Más adelante realizó objetos bidimensionales de marco recortado ya que, para él, «liberar la pintura del marco rectangular significa romper con la preeminencia de la función ortogonal y con la convergente estática que se desprende de ella».

Hacia 1947, pinta «Ritmos Cromáticos», «Estructuras Bandas», «Estructuras sobre el dominante horizonte», que revelan su admiración por los «puros» como Mondrian, Max Bill y Vantongerloo. Hay un período puntillista, «un toque leve, casi tímido, el trazo dejado por el pincel con colores diluidos hasta la transparencia...». Se genera entonces la serie de los «Espectros». Le preocupa la abolición del tema y la visualidad pura. Hacia 1962 comienza otra serie, «Efigies», expuesta por primera vez en 1977, en México, donde vivió entre 1963 y 1973 y donde fue Director del Departamento de Diseño Gráfico de la Editorial Universidad Nacional Autónoma. Formas densas, monumentales, protagonistas únicas a las que les dedica un poema en que habla de su obsesión por ellas. Realiza los «Simulacros», estructuras lineales abiertas, de gran severidad y también lirismo a causa de un cromatismo en el que se distinguen sutiles combinaciones de azules, verdosos, rosados, violáceos y tierras.

Un artículo sobre pintura rusa de los siglos XIV y XV que describía un biombo cubierto de íconos llamado Iconostasis, dará nombre a otra serie, es el disparador para reunir sus «Efigies». Las dispuso en diferentes versiones, de manera frontal y ordenada, en tonos severos. De su última exposición en Ruth Benzacar en 1993, inaugurada pocos días antes de su muerte, recordamos «Efigie Observada», «Efigies Especulares», «Tema Tripartito» en verdes, color que amaba, según nos confesó, o «Cíclope en el Paisaje», obras misteriosas como casi toda su producción. ¿Por qué atraen estas imágenes herméticas, tan enigmáticas y de gran contenido espiritual?. El contemplador se encuentra ante el Gran Arte, el que aún puede provocar emoción, el que no se olvida.

Se ha publicado un librocatálogo de 150 páginas, ilustrado con todas las obras expuestas, profusa bibliografía, prólogos de Nora Hochbaum y Liliana Piñeiro, una presentación de Tomás Maldonado, cofundador de la Asociación Arte Concreto-Invención, profesor emérito de la Universidad Politécnica de Milán y un profundo análisis de la totalidad de la obra del artista escrito por Nelly Perazzo. Cierra el 24 de Agosto

Dejá tu comentario

Te puede interesar