El ciclo de Cine en la Casa de Victoria Ocampo, la sede del Fondo Nacional de las Artes ubicada en la calle Rufino de Elizalde, comenzó con la proyección del documental “De la Bauhaus a Argentina. Tras los pasos de Grete Stern y Horacio Coppola”, de la directora alemana Anne Berrini.
Tras los pasos de dos fotógrafos de excepción: Stern y Coppola
La cineasta alemana Anne Berrini presentó en la Casa de Victoria Ocampo su película "De la Bauhaus a Argentina", donde expone con brillo la trayectoria del matrimonio de artistas
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La cineasta alemana Anne Berrini durante la presentación de su peícula en la Casa de Victoria Ocampo
La cineasta nacida en Dessau, donde frecuentó la Bauhaus, escuela donde germinaron los brotes vanguardistas de casi todas las disciplinas del diseño y el arte moderno, contó la historia de su investigación. Casada con un argentino, Berrini descubrió entre los artistas de la Bauhaus a la pareja integrada por la alemana Grete Stern y el argentino Horacio Coppola. Ambos fotógrafos llegaron en 1935 al exilio argentino, cuando se acrecentaban en Europa las persecuciones nazis.
Apenas habían transcurrido dos meses desde su desembarco cuando, invitados por Victoria Ocampo en octubre de 1935, Stern y Coppola presentaron su primera exposición en Buenos Aires, en la revista Sur. Jorge Romero Brest destacaba en la misma revista, la “extraordinaria importancia” que sin dudar le atribuye a “la primera manifestación seria de arte fotográfico que nos es dado ver”.
La Casa de Victoria Ocampo es, sin dudarlo, el lugar indicado para realizar esta proyección. La película muestra la gran casa de líneas racionalistas que el arquitecto Wladimiro Acosta construyó en Ramos Mejía para los Coppola, con una estética similar a la casa de Victoria. Pero las imágenes se demoran en las tomas de la ciudad de Buenos Aires.
La contratapa del libro “Grete Stern. Obra fotográfica en la Argentina”, publicado por el Fondo Nacional de las Artes en 1995, muestra un notable contraste: junto a la torre del Kavanagh, se recorta la cúpula de la Basílica del Santísimo Sacramento que recuerda la imponente catedral de Berlín.
Por su parte, la ciudad de Coppola es recta y solitaria, quieta y silenciosa. Y a pesar de las diferencias, ambos comparten una mirada afín. Pero las imágenes de Coppola se asemejan al Buenos Aires “esencial” de Borges. De hecho, dos esquinas metafísicas de Palermo fotografiadas por Coppola ilustraron en 1930 la primera edición de “Evaristo Carriego” de Borges.
Entre los entrevistados por Anne Berrini en el documental figura el genial Gyula Kosice. El artista expresa su afinidad vanguardista, muestra el fotomontaje del cartel MADI, y le agradece a Grete Stern las publicaciones que le facilitó durante la Guerra porque le permitieron estar al día, dado que desde Europa le continuaban enviando novedades. La Bauhaus había cerrado definitivamente sus puertas en 1933, pero sus integrantes difundieron sus conocimientos por el mundo.
La fotografía difícilmente generaba recursos y, ya separada de Coppola, Stern trabajó registrando obras en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde conoció a Jorge Helft. El coleccionista supo ver su talento y acaso fue su primer comprador.
El diálogo entre Anne Berrini y el brillante investigador Luis Príamo, autor de numerosos textos sobre Grete Stern, incluso del libro mencionado, estuvo lleno de sorpresas. Príamo contó que le pidieron ayuda para ordenar el archivo de la fotógrafa, y pensó que debía enviar a alguien de su absoluta confianza. “Y entonces le encargué el trabajo a mi esposa”, confesó. Así se explayó sobre la amistad que ambas entablaron y las charlas del atardecer a la hora del whisky.
Luego, Príamo tuvo el privilegio de acompañar a Stern durante algunos de los viajes que, valiente, emprendió por el Gran Chaco para fotografiar a los aborígenes. Describió las dificultades que imponía recorrer esos territorios sin hoteles y con caminos dificultosos. Y como contrapartida, el interés de los antropólogos por estas obras que ella siempre apreció especialmente, tomadas entre 1958 y 1964.
Psicoanálisis
La increíble escalada del interés argentino por el psicoanálisis, tratamiento que adquirió en nuestro país niveles populares, se refleja en la serie de fotomontajes de Grete Stern y los escritos de Gino Germani que exploraban al promediar el siglo XX la dimensión del inconsciente. Los fotomontajes de estética dadá–surrealista, ostentan una carga simbólica que se adivina inquietante para la época, mientras los textos -no menos perturbadores- interpretan el sentido enigmático de los sueños.
Imágenes y palabras se adentraron en un territorio cargado de deseos, temores y represiones. Estas obras seducen a los extranjeros y, desde luego, a Anne Berrini también. Desafiando categorías y prejuicios Stern y Germani se adaptaron al estilo de una revista del corazón, sin resignar la calidad de su trabajo. Por el contrario, ambos crearon un estilo tan atractivo como asequible.
Germani, fundador y docente del Departamento de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras, se carteaba con las lectoras de “Idilio”, les revelaba el sentido oculto de sus sueños y las informaba sobre los principios del psicoanálisis.
En los textos del italiano queda en evidencia el afán de que sus interlocutoras desarrollen “sus posibilidades de expresión”, que se resistan a estar “ahogadas entre cuatro paredes”, que alcancen la “expansión de la personalidad”, y que las “fuerzas inutilizadas de la psique se apresten a salir de la forzada inactividad y de los límites que la constriñen”. Nada más estimulante que las páginas de “Idilio”, para quienes creyeron que podían -o que debían- “dar rienda suelta a sus impulsos”.
Los fotomontajes de Stern lo dicen todo: muestran la figura de una mujer dentro de una jaula o en la cumbre de una escalera; enfrentando el abismo o rindiendo un examen; convertida en un juguete junto a la inmensa mano de un hombre, o aterrada frente a un tren que se transforma en un monstruo y es capaz de devorarla.
Hoy, las imágenes recuerdan el despertar de la inocencia de la burguesía femenina de nuestro país: “soñadora”, pero cargada de aspiraciones intelectuales. Aquí la cineasta analiza el contexto social y establece diferencias entre el carácter de la mujer ideal de Eva Perón, hogareña, y la de Stern, capaz de subsistir por sus propios medios. En uno de los sueños, una mujer como Sísifo, levanta una inmensa piedra sabiendo que volverá a caer.
Príamo contó que amigos, familiares y vecinos, posaban para las fotos de Stern, y que los paisajes, fondos, objetos, personajes secundarios provenían de imágenes de su archivo. “Como debía entregar un fotomontaje por semana el trabajo era intenso. Esta exigencia le dejaba poco tiempo para corregir o retocar los fotomontajes”, explicó. En consecuencia, hoy tenemos dos versiones de cada uno de esos sueños: el de la revista “Idilio” y el del archivo de Stern, ya corregido.
El presidente del Fondo Nacional de las Artes, Tulio Andreussi Guzmán, los directores y el equipo del organismo, pusieron el acento en la estrecha relación de Stern y Coppola con la institución. Alli financiaron la investigación del Gran Chaco y publicaron varios de los libros de ambos.




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