20 de julio 2001 - 00:00

Un cine ideal para salidas de invierno: dibujos y aventuras

Anteojito y Antifaz
"Anteojito y Antifaz"
Tres dibujos animados, una comedia musical, y varias películas de acción encabezan el abanico de ofertas cinematográficas para el público infantil y adolescente en estas vacaciones de invierno. Pero la oferta puede extenderse también a algunos ciclos especiales, y, por qué no, a alguna que otra comedia inicialmente pensada para adultos.

De los dibujos, el naturalmente indicado para los más chicos es el clásico nativo «Anteojito y Antifaz», que el maestro García Ferré presenta ahora en copia nueva, remasterizada, con sonido Dolby, y algunos minutos menos, no porque le falten escenas, sino porque hizo una edición más apretada, acorde a los nuevos tiempos, pero sin ceder un ápice en su estilo apacible y sensible. Estrenado en 1972, y reestrenado por primera vez en 1984, «Anteojito y Antifaz» permite que quienes la vieron cuando niños lleven ahora a sus propios niños a verla, y sientan otro tipo de emoción. Distinto sentimiento provoca «Rugrats en París», donde los pequeños aventureros en pañales viajan con sus padres a un enorme parque de diversiones. De estilo agitado, narración que puede resultar medio confusa para los más chicos, y humor discutible, con un ternurismo forzado, este segundo film de la serie ofrece menos calidad que el primero, aunque, por supuesto, quienes siguen la serie televisiva pueden perdonarle cualquier cosa. Detalle singular, su fuente de inspiración parece ser «Godzilla», pero también puede ser la inauguración del Mundial '94, con su interminable paseo de enormes monstruos por las calles parisienses.

El tercer dibujo, «Atlantis: el imperio perdido» (que encabezó el pasado fin de semana las recaudaciones), está pensado para chicos de diez años en adelante, y para sus padres (si eran lectores). Producción Disney, pero con estética de historieta de Mike Mignola, todo en pantalla panorámica y con buena técnica, el film cuenta la aventura de una expedición submarina, allá por 1914, en busca del continente perdido de la Atlántida.

Héroe

En este caso, el héroe es un joven científico, algo desmañado, pero bastante bien acompañado (aunque la traición anide en su propio grupo). En conjunto, la historia es algo mecánica, pero revive cierto encanto de una época, y de un estilo narrativo propio de las viejas y memorables novelas para jóvenes. Otra propuesta para distenderse es «Evolución», comedia de ciencia ficción sobre dos científicos atolondrados que buscan salvar el mundo de la mano de alienígenas. Con excelentes efectos especiales y momentos de humor brillantes, el film de Ivan Reitman, director de «Los cazafantasmas», es una buena opción.

Los interesados en el cine de animación pueden darse una vuelta por el Museo del Cine, en Defensa y San Juan, donde -además de dibujos para los chicos-se expone toda una historia del dibujo argentino, desde los recortes de Quirino Cristiani en 1917, hasta el making-off de «Dibu 3», pasando por «Upa en apuros» y otros títulos, una toma completa de dibujos en papel, etcétera.

En ese mismo museo, el lunes a las 16, podrá verse una auténtica rareza, bastante bien conservada: el musical
«Luces de mis zapatos», 1973, con Pipo Pescador, Norman Briski, Fasulo, un jovencísimo Roberto Carnaghi, etc, dirigidos por el entonces también jovencísimo Luis Puenzo.

Con menos pelo, más kilos, y más cancha,
Carnaghi aparece en otro musical, «Chiquititas. Rincón de luz», una producción con todos los méritos y los (abundantes) defectos de la serie televisiva, y hecho también con el mismo empeño y cariño de la serie. En esta historia (con algunos «saluditos» a «La novicia rebelde», «La historia sin fin», «Leyenda», etcétera), la protagonista es RominaYan, convertida en cocinera de un asilo de niños rubios al pie de las montañas, un asilo tipo centroeuropeo de los años '30, comandado por un coronel gordo y pelado, y una guardiana de uniforme tipo Gestapo (excelentes Juan Leyrado y Alejandra Fletchner). Filmado entre La Matanza y Villa La Angostura, lo cual quizás habilite a ciertas reflexiones extracinematográficas, «Chiquititas» debe disfrutarse con espíritu ingenuo y distendido. «Será cursi y empalagosa, pero hay esfuerzo», reconocen sus críticos, mientras que sus seguidores sienten que pagaron ocho, y recibieron diez.

Un poco menos inocente, pero moviéndose dentro de un mundo de casi total fantasía,
«Miniespías» es una comedia de acción, donde dos niños bastante feos descubren que sus hermosos padres son unos famosos espías internacionales, a punto de convertirse en horribles muñecotes de un deplorable programa televisivo. Pero ése no es el principal problema... Hecha por Robert Rodríguez, con Antonio Banderas y Carla Gugino como los jóvenes padres, la película parece un refrito de los viejos títulos de James Bond con la recordada serie «El inspector Gadget». El resultado es pintoresco y entretenido, abundante en simpáticos personajes, efectos especiales, promoción latina, elogio de la unidad familiar, y merchandising en puerta. En Norteamérica ya están haciendo la continuación.

Ya francamente sin inocencia, pero también sin frescura, los mayorcitos pueden distraerse viendo
«Lara Croft: Tomb Raider», aunque el jueguito electrónico resulta más entretenido, y «Jurassic Park III», que poco y nada agrega al prestigio de Steven Spielberg. La verdad, si se animan, sería mejor que directamente vieran «La comunidad», una joya de humor negro español, donde Carmen Maura encuentra una fortuna en el departamento de un viejo que ha muerto tiempo atrás, pero no la puede sacar del edificio, debido a una conspiración de los vecinos, todos tenebrosos. Hay suspenso, acción, y humor escalofriante a todo lo largo, bien al estilo de los viejos maestros, pero con el alegre mal gusto de los actuales.

Pero si se trata de chicos más tranquilos, o más impresionables, la película «para mayores» que pueden ver, que los hará sentir mayorcitos, e incluso que les hará comprender un poco más a sus padres, es la italiana
«Pan y tulipanes», una comedia romántica muy grata e ingeniosa. No tiene restricciones, y en cambio es de buen gusto, aun cuando su planteo inicial pudiera parecer algo picaresco. Simplemente, la familia sale de gira turística, y en una parada la mujer queda olvidada, sencillamente, el marido y los hijos la dejan olvidada, y cuando se dan cuenta prefieren terminar la gira y pasar después a buscarla. Entre tanto, ella decide volver a su casa haciendo dedo, sólo que, en el camino, se tienta y decide viajar un poquito más allá, y conocer Venecia...

No es una película pensada específicamente para los niños, pero nadie dijo que no la podían ver. También sus padres, y sus abuelos, vieron comedias italianas para mayores, cuando eran chicos (bueno, quizás ése no sea un buen ejemplo, pero es cierto), y las disfrutaron, y todavía las recuerdan con cariño.

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