20 de julio 2001 - 00:00
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"Anteojito y Antifaz"
En ese mismo museo, el lunes a las 16, podrá verse una auténtica rareza, bastante bien conservada: el musical «Luces de mis zapatos», 1973, con Pipo Pescador, Norman Briski, Fasulo, un jovencísimo Roberto Carnaghi, etc, dirigidos por el entonces también jovencísimo Luis Puenzo.
Con menos pelo, más kilos, y más cancha, Carnaghi aparece en otro musical, «Chiquititas. Rincón de luz», una producción con todos los méritos y los (abundantes) defectos de la serie televisiva, y hecho también con el mismo empeño y cariño de la serie. En esta historia (con algunos «saluditos» a «La novicia rebelde», «La historia sin fin», «Leyenda», etcétera), la protagonista es RominaYan, convertida en cocinera de un asilo de niños rubios al pie de las montañas, un asilo tipo centroeuropeo de los años '30, comandado por un coronel gordo y pelado, y una guardiana de uniforme tipo Gestapo (excelentes Juan Leyrado y Alejandra Fletchner). Filmado entre La Matanza y Villa La Angostura, lo cual quizás habilite a ciertas reflexiones extracinematográficas, «Chiquititas» debe disfrutarse con espíritu ingenuo y distendido. «Será cursi y empalagosa, pero hay esfuerzo», reconocen sus críticos, mientras que sus seguidores sienten que pagaron ocho, y recibieron diez.
Un poco menos inocente, pero moviéndose dentro de un mundo de casi total fantasía, «Miniespías» es una comedia de acción, donde dos niños bastante feos descubren que sus hermosos padres son unos famosos espías internacionales, a punto de convertirse en horribles muñecotes de un deplorable programa televisivo. Pero ése no es el principal problema... Hecha por Robert Rodríguez, con Antonio Banderas y Carla Gugino como los jóvenes padres, la película parece un refrito de los viejos títulos de James Bond con la recordada serie «El inspector Gadget». El resultado es pintoresco y entretenido, abundante en simpáticos personajes, efectos especiales, promoción latina, elogio de la unidad familiar, y merchandising en puerta. En Norteamérica ya están haciendo la continuación.
Ya francamente sin inocencia, pero también sin frescura, los mayorcitos pueden distraerse viendo «Lara Croft: Tomb Raider», aunque el jueguito electrónico resulta más entretenido, y «Jurassic Park III», que poco y nada agrega al prestigio de Steven Spielberg. La verdad, si se animan, sería mejor que directamente vieran «La comunidad», una joya de humor negro español, donde Carmen Maura encuentra una fortuna en el departamento de un viejo que ha muerto tiempo atrás, pero no la puede sacar del edificio, debido a una conspiración de los vecinos, todos tenebrosos. Hay suspenso, acción, y humor escalofriante a todo lo largo, bien al estilo de los viejos maestros, pero con el alegre mal gusto de los actuales.
Pero si se trata de chicos más tranquilos, o más impresionables, la película «para mayores» que pueden ver, que los hará sentir mayorcitos, e incluso que les hará comprender un poco más a sus padres, es la italiana «Pan y tulipanes», una comedia romántica muy grata e ingeniosa. No tiene restricciones, y en cambio es de buen gusto, aun cuando su planteo inicial pudiera parecer algo picaresco. Simplemente, la familia sale de gira turística, y en una parada la mujer queda olvidada, sencillamente, el marido y los hijos la dejan olvidada, y cuando se dan cuenta prefieren terminar la gira y pasar después a buscarla. Entre tanto, ella decide volver a su casa haciendo dedo, sólo que, en el camino, se tienta y decide viajar un poquito más allá, y conocer Venecia...
No es una película pensada específicamente para los niños, pero nadie dijo que no la podían ver. También sus padres, y sus abuelos, vieron comedias italianas para mayores, cuando eran chicos (bueno, quizás ése no sea un buen ejemplo, pero es cierto), y las disfrutaron, y todavía las recuerdan con cariño.




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