Tangos que nacen en Varsovia y renacen en Buenos Aires, vidalitas y baladas que revelan paisajes compartidos, canciones populares reversionadas, eso y más se podrá encontrar en el espectáculo “Cuando el sur canta en idish”, que se presenta el martes a las 20 en el Paseo La Plaza. En el marco del ciclo “Teatro, humor y música judía” que se realiza todos los martes en la sala Pablo Picasso hasta fin de marzo.
Un encuentro musical donde el alma ídish y el corazón latinoamericano laten al unísono
“Cuando el sur canta en idish” se presenta el martes a las 20 en el Paseo La Plaza en el marco del ciclo “Teatro, humor y música judía”. Con Yasmín Garfunkel en voz, Federico Garber en teclados y Julián Brenlle en flauta
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Yasmín Garfunkel , Federico Garber y Julián Brenlle en "Cuando el sur canta en idish".
Yasmín Garfunkel (voz), Federico Garber (teclados) y Julián Brenlle (flauta) ofrecen un encuentro musical donde el alma ídish y el corazón latinoamericano laten al unísono. Cada tema es un puente entre mundos: el klezmer se mezcla con el folklore, la nostalgia se vuelve esperanza, y la lengua ídish encuentra nuevos caminos en los sonidos de nuestra tierra. Una propuesta intensa, poética y viva, que celebra la identidad, el mestizaje y la emoción de seguir cantando juntos. Conversamos con los artistas.
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de unir el ídish y lo latinoamericano?
Yasmin Garfunkel: La idea no surge como un experimento sino como una identidad vivida. El ídish forma parte de nuestra formación -lo estudiamos e investigamos en la Fundación IWO, institución que desde 1928 preserva y difunde la cultura judía- y, al mismo tiempo, estamos profundamente atravesados por la música latinoamericana.
Julian Brenlle: El ídish es una lengua de la diáspora que siempre dialogó con otras culturas. Y Latinoamérica es, en sí misma, un territorio de cruces y mestizajes. Entonces más que “unir” dos mundos, lo que hacemos es continuar un diálogo histórico. Como ha dicho Eliahu Toker: “El ídish es también Latinoamérica”. Hubo teatro, poesía, periodismo, tango y folclore en ídish producidos en estas tierras. Nosotros nos sentimos continuadores de esa tradición, no pioneros.
Federico Garber: En ese mismo espíritu, también componemos nuestras propias piezas en ídish, donde dialogan elementos de la música latinoamericana con el klezmer y el lenguaje de la tradición judía. En el concierto del martes vamos a interpretar algunas de estas composiciones, junto con el repertorio histórico.
P.: ¿Qué raíces comparten el Klezmer con el folklore? ¿En qué se hermanan y en qué se alejan?
Y.G.: Se hermanan en lo comunitario. Tanto el Klezmer como el folclore latinoamericano nacen para tocarse entre gente: en fiestas, celebraciones, bailes, reuniones. Son músicas populares que acompañan la vida cotidiana de una comunidad.
F.G.: También comparten la transmisión oral. Antes de fijarse en partituras, circularon de oído en oído, transformándose con cada intérprete.
J.B.: La diferencia más clara tiene que ver con el territorio. El folclore argentino -la zamba, la chacarera, el gato, la vidalita- está profundamente ligado a paisajes concretos, a una tierra específica. El klezmer, en cambio, es una música de la diáspora: se fue formando con el movimiento de las comunidades judías por Europa del Este, incorporando elementos locales en cada lugar. Es una música del tránsito. Ese cruce entre “música de la tierra” y “música de la diáspora” es uno de los ejes del concierto.
P.: ¿Cómo se localizan esos orígenes del tango en Varsovia y su renacimiento en Buenos Aires?
Y.G.: El recorrido del tango es fascinante. Después de la “tangomanía” parisina de 1910, el género se expandió por Europa — Berlín, Viena — y llegó a Varsovia alrededor de 1913–1914. Las grabaciones y partituras circularon ampliamente y, en el período de entreguerras, el tango se volvió extremadamente popular en Polonia, donde desarrolló un estilo propio, más melancólico y cercano a la canción urbana europea.
J.B.: En una Polonia con una importantísima población judía, el tango fue adoptado también en el ámbito ídish. Se compusieron y grabaron tangos en ídish en Varsovia y Lodz. Más tarde, con las migraciones forzadas del siglo XX, esos músicos y repertorios llegaron a Buenos Aires.
F.G.: En el concierto interpretamos, por ejemplo, “Tango Margarita” de Jacob Rechtzeit, compositor nacido en Polonia que desarrolló su carrera en el teatro ídish y giró por Latinoamérica, y tangos como “Vu iz dayn shmeijl”, compuestos en Argentina en los años 40 por inmigrantes de Bialystok que ya habían escrito tangos en Europa.
P.: ¿Cómo es esa impronta de humor y ternura que tienen estas canciones?
Y.G.: El humor ídish tiene algo muy particular: convive con la tragedia. Es un humor que exagera, que parodia, que mezcla lenguas -como el castídish, ese cruce entre ídish y castellano- y que muchas veces convierte la vulnerabilidad en ironía.
F.G.: Un ejemplo emblemático es Jevel Katz, conocido como el “Gardel judío”, que combinaba música judía y latinoamericana, parodiando canciones y reflejando con ternura el habla de los inmigrantes.
J.B.:Pero también hay una profunda nostalgia. En la Vidalita con texto en ídish de Samuel Czesler y música de George Andreani, trabajada en el marco del proyecto “Para que suene la música guardada en los archivos” que dirige Silvia Glocer (Instituto de Artes del Espectáculo, UBA), se entrecruza el género folclórico argentino con la lengua ídish. Allí aparece la figura del gaucho judío que ve partir a las nuevas generaciones y se pregunta por el futuro de las colonias. La ternura y la melancolía son centrales.
P.: ¿Qué lugar ocupa el trabajo con archivos y la memoria musical?
J.B..: Una parte fundamental del concierto surge del trabajo de investigación en archivos —como los de la Fundación IWO— y del proyecto “Para que suene la música guardada en los archivos”, que dirige la musicóloga Silvia Glocer en el marco del área JADE (Judeidad y Artes del Espectáculo) del Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA, en conjunto con Yasmin Garfunkel, quien también integra ese equipo de investigación.
Y.G.: El objetivo es claro: que esas partituras —muchas veces manuscritas, inéditas o fuera de circulación— dejen el papel y vuelvan a ser escuchadas. En algunos casos, las canciones que van a sonar en el concierto solo se conservaban en grabaciones históricas, y fue necesario un trabajo minucioso de transcripción musical que realizó Silvia Hansman, directora de la Fundación IWO, para poder devolverlas al escenario.
F.G.: A través de conciertos y grabaciones, se recupera así un repertorio compuesto en ídish en la Argentina por músicos que, en muchos casos, habían llegado como exiliados y reconstruyeron aquí su vida profesional, aportando al cine, la radio y el teatro. Recuperar esas obras no es solo un gesto artístico: es también una forma de activar la memoria cultural argentina.
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