"UN ESPOSO IDEAL"

Espectáculos

E n el refinado Londres de 1895, el frívolo, ingenioso, y elegante lord Arthur Goring está a punto de perder dos de esas condiciones, y su muy preciada soltería, con tal de salvar a un amigo. Y el amigo está a punto de perderlo todo, por no saber cómo manejarse ante los ojos de su esposa (que lo venera), de una aventurera de alcurnia (que lo chantajea), y del gobierno británico (que lo viene siguiendo, hasta ese momento, con aprecio).
Ese es, básicamente, el nudo argumental de la incisiva come-dia de Oscar Wilde, ya llevada al cine en 1948 por el maestro Alexander Korda, con Paulette Goddard y Michael Wilding en los papeles principales. Dicha versión era muy agradable, pero algo lenta. La que ahora vemos es igualmente agradable, y de ritmo más ágil, aunque, por suerte, no tan ágil como podía temerse de su realizador, el inglés Oliver Parker, cuya obra anterior fue una muy nerviosa versión de «Othello».
Se entiende, ponerle recursos de videoclip a un drama libremente basado en
Shakespeare, no es lo mismo que jugar con un cierre al viejo estilo, y uno se queda esperando que salga el propio Oscar Wilde a saludar.
Al respecto, entre las pequeñas licencias, muy coherentes, que se toma la adaptación cinematográfica, sus personajes van a ver una representación de otra comedia wildeana, donde aparece el propio autor a saludar (lo interpreta
Michael Culkin), y lord Goring usa un clavel verde. Se remarcan, además, algunos detallecitos de actualidad, especialmente para este fin de siglo, que ya estaban en el anterior: la información como fuente de poder, y «la obsesión de generar poder por el poder mismo, sin considerar el alma de la nación». En los clásicos siempre se encuentran cosas actuales.

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