16 de agosto 2004 - 00:00

Un Ortega sesentón con un show a medias

Palito Ortega
Palito Ortega
Punta del Este - Loable propósito el del Hotel Conrad de Punta del Este este sábado, pero el show presentado bajo el pomposo título de «El regreso del rey», con Palito Ortega, no estuvo ni a la mitad de los grandes shows internacionales -inclusive de muchos argentinos-que se han brindado en su famoso Ballroom, que además no pudo ser llenado. Este cantante popular arranca muy bien el espectáculo con una serie de fotos y filmaciones donde hablan de él Juan Manuel Fangio, el jockey Ireneo Leguizamo, y el canta en off una canción simpática «mirando estas fotos». Es su trayectoria. Un revival del sesentismo.

Se lo ve junto a Frank Sinatra por aquel millón de dolares que pagó por traerlo al Luna Park justo cuando a los inicios de la década del '80 se rompe la «tablita cambiaria» de José Martinez de Hoz y con la devaluación casi queda en la ruina para pagar. Pero se enorgullece y en el cierre de esa parte inicial canta en repetido estribillo «pero Frank Sinatra estuvo en el Luna Park».

Es su reivindicación a aquel duro esfuerzo.

Eso sí: en toda esa recordación en fotos de su vida no hay una sola mención a su actuación política, como si Ortega hubiera decidido borrar de su historia esos años que lo llevaron a ser gobernador de Tucumán primero, donde pasó con más pena que gloria, y luego senador nacional, donde concluyó sin iridiscencia, abandonando su idea de candidatearse a presidente de la Nación, y llorando emocionado en el programa de Susana Gimenez por una acusación de soborno que, a decir verdad, nunca se probó que existió y menos en él. Luego de tantas fotos (desde Luis Sandrini a Maradona pero no junto a Carlos Monzón en su particular antocensura histórica) aparece en el escenario y allí impacta. Tan delgado como en sus comienzos -o más-, un traje negro y corbata impecable, ni una cana, zapatos de charol. Para parte del público verlo así fue como volver al pasado con añoranza. Luego sigue con sus grandes éxitos populares pero a tal velocidad que uno se preguntaba cómo seguirá el show que dura 90 minutos. Al finalizar uno se da cuenta que esa, la primera parte, es la mejor, con esas canciones simplonas pero impactantes, forjadoras de alegría.

La segunda parte es muy floja. Canta un Lalo Fransen (otro de la época del Club del Clan que hoy es uno de los 7 músicos y dos chicas de coro que lo acompañan), y Palito Ortega pasa a tocar la batería. Flojo esto y más cuando sale de las canciones pegadizas y comienzan las suyas melódicas (ahora tocó la guitarra) algunas conocidas y la mayoría no, aun para los veteranos. Ahí se cae el espectáculo porque, además, Palito Ortega cae en lo deplorable de los showman criollos que quieren tener la espontaneidad de Julio Iglesias sin acercársele en elegancia. Palito se quita el saco, se quita la corbata y la emprende a guitarra limpia.

Tampoco sazona bien el cantar con sus diálogos. Le da aliento a su hijo Sebastián, presente allí, que acaba de insultar muy mal (como colaborador de Marcelo Tinelli) a Adrián Suar tratándolo de «cagón» por una estrategia hábil entre competencia de teleteatros. Sebastián comprometió a su padre con todos los medios de «Clarín» -que no son ciertamente pocos-y comprometió también a artistasque no pueden asentir porque en su futuro puede haber tanto un Tinelli como un Suar. Para colmo el padre se mimosea demasiado en el escenario y reduce calidad. Le agradece a Sebastián dos nietos,dice que lo acompañará desde aquí o «desde arriba». Cuenta cómo hizo la canción de «Los Roldán». Y la canta.

Los muchos brasileños (el Conrad invitaba sin cargo a jugadores habituales de su casino y a algunos conocidos) miraban bastante desconcertados sobre todo a muchachones impresentables que hacían de «claque» furibunda. La barra más normal argentina aplaude (
Roberto Giordano, Graciela Borges, Carlos Perciavalle, Marcelo Tinelli, Jorge «Corcho» Rodríguez, Miguel Angel Vicco, Hugo Franco y otros). La indiferencia de los numerosos brasileños preocupa porque este retorno de Palito Ortega, ya sesentón, él cuenta que lo viene realizando por Latinoamérica.

El cantante -con buen acompañamiento- sigue descamisado y desabrochándose, toma algo oscuro (whisky, vino o Coca para humedecer su garganta). No tiene el encanto de
Sandro en el escenario y se nota. Cierra con sus canciones más populares de nuevo como «Bienvenido amor» y allí, vuelve a levantar, eriza de nuevo a la gente pero ya es tarde, no salva los profundos baches que tiene su espectáculo.

J.A.R.

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