12 de julio 2001 - 00:00

Un paseo por el arte que se ve en Londres

El artista en su estudio.
"El artista en su estudio".
(12/07/2001) Londres - En la National Gallery de Londres se está desarrollando la exposición Vermeer y la Escuela de Delft, integrada por 13 cuadros del artista, así como de Carel Fabritius, alumno de Rembrandt en Amsterdam, entre cuyas obras se encuentra la muy significativa «Retrato de joven con gorro de piel y armadura».

Otro de los integrantes de la muestra es Peter de Hooch, en cuyo «Interior con mujer bebiendo con dos hombres y una sirvienta» se puede apreciar la visión diferente del pequeño mundo de la pintura holandesa, a través de artistas que vivían en Delft al mismo tiempo. Entre sus personajes se percibe gran comunicación, una mayor calidez en la situación presentada; no en balde De Hooch pertenecía a lo que se llamó la impulsiva tradición veneciana.

Vermeer

Vermeer (1632-1675), en cambio, se hizo a sí mismo miembro de la Escuela de Roma, más académica y distante. Entre los célebres cuadros se encuentra «El artista en su estudio» (c. 1670), procedente del Kunsthistorische Museum de Viena, una obra atípica en el sentido de que algo está sucediendo. Una obra que deja sin palabras, sin la posibilidad de juzgamiento alguno, es «La lechera».

Otra mirada sobre este cuadro nos hace pensar si esta robusta mujer era, con su vestido recatado en un material áspero, sexualmente provocativa para los holandeses del siglo XVII; sus manos enrojecidas por el trabajo, parece estar concentrada en la tarea de verter la leche en un cuenco, su cuerpo sólido y contundente iluminado por la luz directa de la ventana que a su vez ilumina una pared blanca de yeso sobre la que se destaca la cofia blanca, a la manera del blanco sobre blanco de los pintores del siglo XX.

La cualidad de la luz, quizás invernal, a primera hora de la mañana, el desayuno frugal de pan y leche. Cuadro intenso, como varios otros de pequeño formato, por ejemplo «La dama del sombrero rojo», prestado por la National Gallery de Washington, realizado aparentemente -ya que no se saben muchos datos sobre Vermee r-de manera lenta, constante, rigurosa y tenaz.

Entretanto, The Courtauld Institute Gallery, Somerset House, atesora 530 pinturas, 7.000 dibujos y 27.000 grabados y entre sus obras paradigmáticas se encuentran
«El bar en el Folies-Bergere» ( Manet), «Adán y Eva» ( Lucas Cranach), «Efecto otoñal en Argenteuil» ( Monet), «La montaña Sainte-Victoire» ( Cézanne) o «Autorretrato con la oreja vendada» ( Van Gogh).

Se acaba de inaugurar
Pintura Fauvista 1905-7. El Triunfo del Color Puro, 30 obras de 11 artistas procedentes exclusivamente de colecciones privadas inglesas y europeas. «Las paredes estaban cubiertas de telas desbordadas de color chillón, sorprendente, dibujo crudo y desigual, distorsiones, exageraciones, composición primitiva, como si hubiera sido hecho por un niño. Grotesco, me pregunto, ¿deben tomarse estas cosas en serio?» Así escribía Claribel Cone en 1905 acerca de André Derain, Henri Matisse, Maurice de Vlaminck, Henri Manguin. Albert Marquet, Charles Camoin, agrupados en la sala 7 del controvertido Salón de Otoño.

Bestias

Otro crítico, Louis Vauxcelles, acuñó el término «fauves» (bestias salvajes) y para 1906 también se aplicó a tres pintores de Le Havre, Othon Friesz, Raoul Dufy y Georges Braque, que se agregaron al grupo inicial. Era un grupo de amigos que compartían ideas parecidas, que nunca exhibieron todos juntos y que, a diferencia de otras manifestaciones vanguardistas, nunca produjeron un manifiesto. Los aunaba un atrevido vigor juvenil, su preocupación por el liberado uso del color, el impulso por un nuevo modo de expresión alejado de todo convencionalismo.

Rojos, verdes, azules, rosados, lilas, rostros despersonalizados, cuerpos eróticos invitando al placer, zonas sin pintar, trazos cortos, esquemáticos, formas reducidas angulares, geométricas. El fauvismo tuvo corta duración pero trajo aires de renovación a comienzos del siglo XX. En el sorprendente uso del color puro quizá reside su continua atracción y poder intactos a pesar de haber transcurrido más de 90 años y que a pesar del rechazo inicial fueron más tarde reverenciados.

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