«Romeo y Julieta» de W. Shakespeare. Versión: M. Kartun. Dir.: A. Zanca. Int.: P. Rago, L. Novoa, M. Ghione y elenco. Coreog. de altura y entrenamiento acrobático: M. Paz. Mús. orig.: E. Jodos. Ilum.: G. Córdova. Esc. y vest.: J. Ferrari (Teatro Regio.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
C laramente destinada al público juvenil, esta nueva versión de «Romeo y Julieta» privilegia la noción de espectáculo, en lugar de ahondar en el drama que pretende exponer. No hay una lectura que ponga en movimiento los contenidos ideológicos de la pieza, sino una clara preocupación en sostener el interés y buen ritmo de esta historia.
Narrada a un ritmo febril, la tragedia de los dos jóvenes amantes que quedan entrampados en medio del inexplicable odio que divide a sus familias, va tomando forma en medio de una intensa actividad física (acrobacia, coreografía en altura, esgrima, etc.) y un efectismo visual que tiende a diluir conflictos y caracteres.
La fugaz aparición de un cantante melódico o la presencia de la muerte haciendo ondular una cinta roja, subrayan está impresión, al igual que los constantes cambios escenográficos y la contundente iluminación de Gonzalo Córdova de intenso y variado cromatismo (salvo en el episodio final, el de la muerte de los amantes, donde se optó por una cámara negra). Cada cuadro transmite un clima diferente y una marcada autonomía con respecto al resto, esto hace que se desdibujen los abundantes signos premonitorios que van anunciando la caída de los protagonistas.
Hasta la muerte de Mercucio, el mejor amigo de Romeo, la puesta destila vitalidad y humor. Pablo Rago y Laura Novoa transmiten adecuadamente la juventud y sensualidad de sus criaturas, lo mismo que el círculo de jóvenes que los acompaña, entre los que se destaca Maxi Ghione (un simpático Mercucio).
El sexo es un tema clave de la obra y la directora Alicia Zanca ha logrado instalarlo en escena con alegre frescura y desenfado. En este sentido la nodriza de Julieta (a cargo de Dolores Ocampo) se lleva las palmas. Pero una vez desatada la cadena de crímenes y venganzas, la puesta pierde fuerza y credibilidad. La irrupción del dolor no logra penetrar el cuerpo de los actores y los parlamentos se vuelven discursivos y carentes de emoción. De ahí en más todas las actuaciones recurren a estereotipos expresivos cercanos al melodrama y, en algunos casos, a la telenovela.
Pese a estas falencias, «Romeo y Julieta» está teniendo muy buena repercusión entre el público joven, que festeja las escenas de humor y atiende a las visicitudes de sus protagonistas con evidente interés.
Dejá tu comentario