«Sueño de una noche de verano»de W. Shakespeare. Trad.: L. Cazaux y S. Anaine. Versión y Dir.: L. Cazaux. Int.: G. Oliver, G. Tognetti, C. Giampieri, M. Malamud, M. Perret y elenco. Esc.: J. Merzari y L. Cazaux. Ilum.: J. Merzari. Dis. Musical: D. Tepman. Coreog.: S. Joskowicz. («Del Otro Lado», Lambaré 866). Luciano Cazaux (el director de «Bang Bang», Premio ACE '99 al Mejor Espectáculo de Humor, y «Sospechosos») ofrece ahora una peculiar versión de «Sueño de una noche de verano» en la que duendes y hadas dominan un universo oscuro y lascivo -mucho menos poético que el imaginado por Shakespeare-y entregado a las pulsiones sexuales.
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La acción se desarrolla en un reducido ámbito escénico, rodeado de telas y con el público ubicado dentro del él. A esto se suma la presencia, casi permanente, de la corte de Titania, integrada ya no por etéreos espíritus del bosque, sino por vampiresas de medias raídas, al servicio de una especie de cabaret espectral. Ellas acompañan la acción con gestos y suspiros, pero su principal función es la de prodigarse besos y mimos entre sí. De tanto en tanto, acarician también las piernas de algún espectador, recurso que finalmente sólo contribuye a distraer la atención del público. Mucho más sugerente, en cambio, es la recorrida que realizan algunos actores por detrás de cada espectador, susurrando los nombres de los personajes perdidos por el bosque.
Mientras las dos parejas de amantes se confunden y entremezclan por obra del malicioso Puck, Titania disputa con Oberón la posesión de un bello muchacho.
•Ambigüedad
La puesta expone con claridad esta intrincada trama, pero deja de lado la graciosa ambigüedad con que Shakespeare ha logrado describir el sinuoso camino del deseo. Tratándose de una obra rebosante de magia, donde se superponen varios hilos argumentales y distintos planos de realidad, quedan mucho más al descubierto las falencias interpretativas. Unicamente el trío de torpes obreros -encargados de representar una tragedia en la boda del duque de Atenashace gala de su expresividad. El resto del elenco parece aplicar toda su energía en el trabajo corporal, en particular, las actrices que lucen sus cuerpos semidesnudos, o cubiertos por transparencias, contribuyendo a subrayar el clima erótico de este montaje.
La puesta de Luciano Cazaux -destinada principalmente al público joven, no sólo por su horario de medianoche-ha intentado ser fiel a esta trama llena de enredos, pero terminó alivianando la densidad poética de la obra.
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