6 de diciembre 2000 - 00:00

Un variado lote de arte argentino en La Habana

Imagen de videoproyección.
Imagen de videoproyección.
La Habana - (07-12-00) Completamos la serie de notas acerca de la fascinante experiencia de la VII Bienal refiriéndonos al envío argentino. La selección estuvo a cargo de Margarita Sánchez Prieto, una de las curadoras, que viajó a Buenos Aires en 1999 para entrevistar a los artistas finalmente invitados a participar.
Nora Aslán
presentó «Ventanas chinas», serie en la que trabaja desde hace algún tiempo, cuya apariencia decorativa, como un bordado minucioso, encierra nada inocentes o banales imágenes fotográficas cuya repetición no nos permite distraernos ante los testimonios allí expuestos.

Conocidos, entre varios trabajos, por sus proyecciones de poemas en La Fuente de Poesía (instalación permanente frente a la Biblioteca Nacional) y el Manifiesto sobre el barco encallado en el Riachuelo, Enrique Banfi y Silvana Perl eligieron los muros del Castillo de la Real Fuerza (Siglo XVI) para crear un espacio de arte urbano, con textos literarios, que pueda ser compartido por los habitantes de la ciudad.

Fabiana Barreda
, una de las ganadoras del reciente Premio Rosa Klemm de Fotografía, alude a la deshumanización, a la soledad del hombre, en las contrastantes fotografías de aeropuertos, estaciones de subte de ciudades tanto del mundo desarrollado como las llamadas «en vías de desarrollo».

El Grupo Escombros, integrado por Horacio D'Alessandro, David Edward, Héctor Ochoa, Luis Pazos, Héctor Puppo, cuyas propuestas de acciones e intervenciones urbanas de carácter solidario así como de denuncia ligadas a un contexto sociopolítico, emplazaron en el Pabellón Cuba un contenedor con basura radiactiva, que envían los países desarrollados y a veces se pierden en el mar, causando graves desastres ecológicos.

León Ferrari
y su serie de imágenes que golpean duramente como el rostro de Hitler o la primera plana del diario «La Nación» con las imágenes del ataque a la Embajada de Israel intervenidas con escritos en Braille, reflejan su permanente cuestionamiento crítico.

Jorge Macchi
, cámara fotográfica en mano, durante un año realizó una suerte de cacería de palabras que encontró en afiches callejeros o graffiti, con las que compone un friso que no da respiro, 62 fotografías de frases como «No tenés salida», «Te voy a hacer carne picada» o «Te llegó la hora».

Liliana Porter
presentó su inquietante video «Solo de tambor» y «Para usted». Miguel Angel Ríos con su «Toloache: territorio de la mente», nos introduce en una choza de madera en la que se escucha la grabación digital de un «viaje» producido por hongos alucinógenos que él experimentó con una chamana de un pueblo de Oaxaca. Para el habitante urbano, se trata de una obra rebuscada que no consigue el efecto buscado: rescatar el tema de las tensiones entre cultura mestiza y cultura indígena.

En el Centro Cultural Recoleta habíamos visto la video-proyección «La tarde de un escritor» de Gustavo Romano. Es una toma con rayos X de una mano escribiendo sobre una hoja de papel en la que se ven los huesos y la pluma, pero no el texto. El sonido de la fricción de la pluma sobre el papel logra un todo poético. Creemos que debería mostrarse nuevamente en Buenos Aires.

Juan Carlos Romero
, Gran Premio de Honor de Grabado del Salón Nacional, docente universitario, miembro de la Mutual Art-gentina, presentó una serie de afiches realizados en imprentas semiartesanales en las que se imprimen anuncios para bailes populares pero las palabras, fragmentadas, elocuentes, no tienen connotaciones festivas: Desocu. Margin. Extinc; no hace falta completarlas.

Graciela Sacco
y su proyecto luminográfico «Sombras del Sur y del Norte» es una cámara oscura de cuyo techo cuelga una linterna con la que el contemplador ilumina una pared. La imagen focalizada es una mano con un revólver que nos apunta desde varios lugares. Una agresión que no se sabe de dónde viene, quién la ejecuta ni el porqué. Una metáfora de la violencia que no se refiere solamente a la delincuencia en las calles. En un contexto más optimista, Judi Werthein y Leandro Erlich que viven actualmente en Nueva York, con fondo de monta-ñas nevadas, inundaron un espacio con nieve artificial, trineos y esquíes para regocijo y sorpresa de los que quedaron registrados con la cámara Polaroid, una vivencia y una situación imposible en el clima y paisaje cubanos.

En suma, un conjunto con diversidad de propuestas que responden al lema de la bienal, con obras meditadas, óptima presentación y que invitan a la participación y reflexión. La VII Bienal de La Habana se clausura el 5 de enero de 2001.

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