Una celebración de los sentidos

Espectáculos

«Fuerza bruta». Creación y Dir.: D. James. Mús.: G. Kerpel. Dir. Téc.: A. García. Ilum.: E. Pampín. Vest.: A. Mattio. Int.: L. Mesigos, M. Buzzo, T. Levinson y otros. (Centro Municipal de Exposiciones -F.Alcorta y Pueyrredón, detrás Fac.de Derecho.)

"Apartir de este momento De la Guarda deja de existir". Con esta tajante declaración (incluida en el programa de mano) Diqui James marcó el inicio de una nueva etapa de experimentación. Desligado de su antiguo coequiper Pichón Baldinu y de las giras de «Villa Villa» -el espectáculo que les dio fama internacional-, James se abocó durante dos años al montaje de «Fuerza bruta», un show que, pese a involucrar las más modernas tecnologías (algunas provenientes de distintas ramas del deporte), nunca pierde su impronta artesanal. La multitud que presencia el espectáculo (se estiman mil personas por función) es estimulada con música electrónica mientras aguarda la aparición de cada número. Todo el mundo debe desplazarse para dar cabida a los diversos soportes y dispositivos escénicos que circulan por el lugar. El primero de ellos es un pequeño escenario dotado de una cinta transportadora, en donde un hombre simula correr por la ciudad contra viento y marea.

De allí en más el público es invitado a participar de un recorrido onírico que prescinde de toda hilación narrativa. Abundan las imágenes de choque y de destrucción. Techos que se derrumban, individuos que destruyen el habitáculo que los alberga, fachadas que atraviesan y golpean el cuerpo de los artistas, todo apunta a sugerir una lucha a muerte entre el hombre y su contexto urbano. La ciudad ya no funciona como lugar de reparo sino como una trampa ingobernable, más peligrosa aún que cualquier catástrofe natural. Después de Cromañón, resulta muy difícil no asociar estas imágenes con la caótica situación que se vive hoy en Buenos Aires.

A diferencia de
«Villa Villa» que imponía una mística tribal (una especie de trance colectivo producto de la circulación de emociones y estímulos sensoriales muy primitivos), «Fuerza bruta» no instala una comunión masiva. Su ambientación tiene mucho de rave, pero lo que en verdad propone es un viaje individual que no llega a emocionar pero quizás deje al espectador con la boca abierta. Tal como ocurre cuando los artistas nadan por encima del público (en una insólita pileta de menos de un milímetro de espesor) o cuando dos acróbatas «caminan» por los aires sobre un gran telón laminado.

Otro momento inolvidable es el protagonizado por un hombre y una mujer ( colgados de sus arneses a ambos lados de un aro gigantesco, cubierto de tela y colocado verticalmente) en el que se persiguen como amantes desencontrados. Este aparato de líneas tan simples, pero de impactante efecto, sintetiza muy bien la estética de este equipo de creadores.

No es de extrañar entonces que artistas como
James y el ya mencionado Baldinu (contratado por la Disney para resolver las escenas de vuelo y acrobacia del musical «Tarzán») hayan despertado el interés de industrias líderes del mundo del espectáculo, las que tal vez saturadas de tanta robótica y efectos computarizados, han apelado al ingenio y la garra de estos artistas argentinos para revitalizar sus shows. A fin de año, «Fuerza bruta» iniciará un gira europea que incluirá Londres, Madrid y Barcelona, entre otras ciudades.

Dejá tu comentario