"Los guantes mágicos" gustará a quienes disfrutaron "Silvia Prieto", el anterior film de Martín Rejtman, pero su humor no es para todos; es más, parecería estar dirigido a esos pocos elegidos.
«Los guantes mágicos» (Argentina, 2003, habl. en español e inglés). Guión y dir.: M. Rejtman. Int.: G. Fernández Capello, V. Bertucelli, F. Arenillas, C. Biagini, S. Pampin, D. Olivera.
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Cumple con sus seguidores Martín Rejtman. Quien haya apreciado el humor de «Silvia Prieto», también gustará de esta nueva película suya. Pero no todos pueden encontrarle la gracia. Y hasta se puede sospechar que la desarticula, para que sólo se rían unos pocos elegidos.
En ella, un remisero con cara de «me hincha pero me la banco», nos cuenta cómo ha soportado la depresión de su novia, la intromisión de sucesivos cargosos, el fracaso de un negocio de importación, y hasta la venta de su Renault 12 modelo '84, que es lo que realmente le duele. Encima, la mina aburrida, el insomnio, una metida que hace uso ilegal de la industria farmacéutica, el marido de la metida, que hace uso irresponsable de la orientación financiera (peor, hace música y quiere que se la escuchen), el hermano del marido de la metida, que hace fierros, y una azafata que hace negocios con todos ellos, y con unos canadienses que no son canadienses y vienen a hacer una película porno que seguramente es un plomo.
Los recursos para hacer reír son buenos. La repetición, la acumulación de gestos comunes y frases comunes, el razonamiento ilógico dicho con total convicción, la cara inexpresiva de los personajes, vale decir la impasibilidad con que la gente asume la imposibilidad...
Y si uno entra a masticar, encontrará que también es bueno el retrato indirecto de cierto sector que se creía posmoderno del tercer mundo, y que vive en una nube de conocida sustancia, donde se acoraza para no sentir nada, no sea que realmente le pase algo. Pero así como nuestro remisero tiene una sensación de nada en su vida, la misma sensación tiene gran parte del público en la sala, respecto a la película. Es que suena todo tan deliberadamente atonal, tan abúlico, tan aséptico, y como desdeñoso, que aburre. Igual, hay gente instruida que habrá de ponderarla.
Ante la frase de un argentino que vuelve, «quiero invertir en el país, para devolverle un poco de lo que me dio», en la función inaugural del festival municipal se oyeron amplias risotadas.
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