28 de agosto 2002 - 00:00

Una comedia une a dos generaciones

Fernando Musa
Fernando Musa
Suele ocurrir que el alum no supere a su maestro. Más raro es que ambos terminen haciendo juntos el trabajo. Sobre su tercera película, la comedia sentimental «No sabe/ No contesta», hecha con guión de un alumno suyo, contesta Fernando Musa: «Todo surgió en las clases de guión que doy en la escuela del Instituto de Cine. En la segunda mitad de la cursada, siempre hago hacer el guión de un largometraje. Tiempo atrás hubo uno especialmente bueno, de un chico Ionathan Klaiman, que a esta altura ya se graduó, y está estudiando dramaturgia (incluso creo que ya ganó un premio en teatro). Pasó el tiempo, hubo un llamado a concurso, y este alumno decidió presentarlo, como proyecto a filmar conmigo como director. Yo presenté otro guión ¡Y me ganó!

Periodista: ¿Fue cuando estuvieron Eddie Calcagno y Fabian Bielinsky, el de «Nueve reinas», en el jurado?


F.M.:
Exacto. Aprovechamos entonces a preguntarles qué les había gustado del guión de Klaiman, para seguir por esa senda, porque el gran temor mío, si concretaba la película, era arruinarle el guión al muchacho. Ellos nos dijeron que les había gustado por su frescura y sus diálogos reales, casi tangibles. Recuerdo que otro de los guiones ganadores era «El hijo de la novia».

P.: ¿Cómo asumieron el trabajo?


F.M.:
Primero acepté por el gran entusiasmo suyo. En todo caso, los espectadores deberían divertirse tanto como nos divertimos en clase, mientras él lo iba leyendo. Luego vino mi propio entusiasmo para incorporarme al sueño, permeabilizarme a las sucesivas propuestas de actores y técnicos, enfrentar los desafíos de producción, y encontrar una estética de acuerdo al presupuesto (y que el resultado no pareciera pobre, sino bien producido aunque el presupuesto fuera bajo). El guión era solamente literario. La puesta de cámara y todo eso se resolvió después. Dos anécdotas: el final que figura en el libro, pensé que no iba a funcionar, probé de cambiarlo, y en el montaje vi que funcionaba. En cambio, algo que no figura en los papeles, el gesto del protagonista encuadrando las cosas y la chica con las manos, apareció en los ensayos.

P.: A nivel comercial, la pegaron con Mariano Martínez.


F.M.: Atención, que cuando la filmamos, entre abril y setiembre de 2001, este chico no era lo que es hoy. Todavía había que explicar quién era.

P.: Caramba, guionista e intérpretes jóvenes (salvo apariciones de Enrique Liporace y Marcos Zucker), y director y técnicos ya fogueados, o más que fogueados. Algunos no se la van a incorporar al llamado «Nuevo Cine Argentino»...


F.M.: Lo de las generaciones es un problema de la cabeza. Para cualquiera es un gusto trabajar con técnicos como el cameraman Hugo Collodoro, que ya lleva como 190 películas, o con el director de fotografía Carlos Torlaschi. Pocos fotógrafos pueden hacer lo que uno les pide. La mayoría hace la luz que les gusta, y punto. Uno disfruta y aprende mucho con ellos. Como, por otro lado, aprendí con los chicos de la Universidad de Palermo, que, ellos solos, planificaron el lanzamiento, algo que uno debe pensar muy bien, porque esto también es un negocio. Lo aprendí en sangre propia.

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